LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | страница 216
La tarde de la fiesta, cuando con aire lúgubre Abelard se
ocupaba del carro, vio a su hija ya vestida, de pie en la sala,
inclinada sobre otro de sus libros franceses. Se veía absoluta-
mente divina, absolutamente joven, y ahí mismo le dio una
de esas epifanías de las que nosotros, los estudiantes de
literatura, siempre nos vemos obligados a hablar. No le llegó
como una explosión de luz, un color nuevo o una sensación
en el corazón. Simplemente lo supo. Supo que no podía
hacerlo. Le dijo a su esposa que se olvidara de la fiesta. Le
dijo lo mismo a la hija. No hizo caso de sus protestas
horrorizadas. Montó en el carro, recogió a Marcus y se
dirigió a la fiesta.
¿Y Jacquelyn?, preguntó Marcus.
No viene.
Marcus sacudió la cabeza. No dijo nada más.
En la línea de recepción, Trujillo se detuvo de nuevo ante
Abelard. Olió el aire como un gato. ¿Y tu esposa e hija?
Abelard temblaba, pero se contenía de alguna manera. Ya
detectaba que todo iba a cambiar. Mis disculpas, Excelencia.
Les ha sido imposible asistir.
Sus ojos porcinos se estrecharon. Ya veo, dijo fríamente,
y despidió a Abelard con un gesto rápido de muñeca.
Ni siquiera Marcus lo miraba.
CHISTE APOCALYPTUS
Menos de cuatro semanas después de la fiesta, el Dr. Abelard
Luis Cabral fue detenido por la Policía Secreta. ¿El cargo?
«Difamación y grave calumnia a la Persona del Presidente.»
Si se van a creer los cuentos, todo tuvo que ver con un
chiste.
Una tarde, se cuenta, poco después de la fatídica fiesta,
Abelard, de quien sería bueno aclarar que era un hombre ba-
jito, barbudo, corpulento, pero con una fuerza física asom-
brosa y ojos curiosos, muy juntos, fue a Santiago en su viejo
Packard a comprar un buró para su esposa (y, por supuesto, a