LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 193

Tengo que ir, explicó, cansada. Aunque sea solo un tiem- pito. Y entonces Óscar llamó, de la nada. Tratando de arreglar las cosas ahora que yo regresaba. Así que vuelves a casa. No lo des por hecho, le dije. No hagas nada con premura. No hagas nada con premura. Me reí. ¿Alguna vez te oyes hablar, Óscar? Suspiró. Todo el tiempo. Todas las mañanas al despertar me aseguraba que el dine- ro todavía estuviera debajo de la cama. Dos mil dólares en aquellos días lo podían llevar a uno adonde quisiera y, por su- puesto, yo pensaba en Japón o en Goa, porque una de las mu- chachas de la escuela me había hablado de esos lugares. Otras playas, muy hermosas, nos aseguró. Para nada como Santo Domingo. Y entonces, al fin, llegó. Nunca ha hecho nada de modo discreto, mi mamá. Arribó en un carro negro grande, no en un taxi normal, y todos los carajitos del barrio vinieron a ver el show. Mi mamá hacía como si no se diera cuenta del gentío. El chofer, por supuesto, estaba tratando de levantársela. Ella se veía flaca y desgastada y no podía creer al taxista. Déjela en paz, le dije. ¿No le da vergüenza? Mi madre sacudió la cabeza tristemente y miró a La Inca. No le enseñaste nada. La Inca ni pestañeó. Le enseñé lo que pude. Y entonces el gran momento, el que toda hija teme. Mi mamá me examinaba de arriba abajo. Nunca había estado en mejor forma, nunca me había sentido más hermosa y deseada en mi vida, ¿y qué dijo la desgraciada esa? Coño , pero tú sí eres fea. Y esos catorce meses... desaparecidos. Como si nunca hu- bieran existido.