LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 178
los cuentos de Ursula Le Guin. Después, al describirlo, lo
llamaría la Mangosta Dorada, pero incluso él sabía que no era
eso lo que era. Era algo muy apacible, muy hermoso. Ojos
dorados llenos de brillo que lo atravesaban, no tanto
enjuiciándolo o reprobándolo, sino con algo que daba mucho
más miedo. Se miraron fijamente -la criatura serena como un
budista, él totalmente incrédulo— y entonces el silbido se
escuchó otra vez y sus ojos se abrieron (o cerraron) y había
desaparecido.
El tipo había estado esperando toda la vida que le ocurriera
algo así, siempre había querido vivir en un mundo de magia y
misterio, pero en vez de tomar nota de la visión y cambiar sus
maneras, el comemierda solo sacudió su cabeza hinchada. El
tren estaba ahora más cerca y, por eso, antes que pudiera perder
el valor, se lanzó a la oscuridad.
Me había dejado una nota, por supuesto. (Y también otras a
su hermana, a su mamá y a Jenni.) Me agradecía por todo. Me
decía que podía quedarme con sus libros, sus juegos, sus
películas, sus D10s especiales. Me dijo que había sido un
placer haber sido amigos. Y firmó así: Tu Compañero, Óscar
Wao.
De haber aterrizado en la Ruta 18, como había previsto, el
cuento habría terminado ahí mismo. Pero en su confusión etí-
lica, debe de haber calculado mal, o quizá, como afirma su
mamá, lo estaban cuidando desde arriba, porque el tipo no cayó
en la 18 en sí, ¡sino en la isla! Y no hubiera habido problema.
Esas islas de la 18 son guillotinas de cemento. Hubieran
acabado con él encantadas de la vida. Lo hubieran convertido
en confeti intestinal. Salvo que esta era una de esas islas que en
el centro tienen jardines de arbustos y cayó en la marga recién
labrada y no en el cemento. En lugar de encontrarse en el cielo
nerdoso —donde a cada nerd le tocan cincuenta y ocho vír-
genes con quienes jugar a Dungeons and Dragons- despertó en
el Robert Wood Johnson con las dos piernas fracturadas y un