LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 179

hombro dislocado, sintiéndose como si, dique, hubiera saltado del puente de trenes de New Brunswick. Estuve allí, por supuesto, con su mamá y su tío el matón, que iba al baño con regularidad para poder meterse los pases. Cuando nos vio, ¿qué hizo aquel idiota? Volvió la cabeza y lloró. La mamá le dio un toquecito en el hombro sano. Vas a llorar mucho más cuando yo termine contigo. Lola llegó al día siguiente de Madrid. No tuvo la oportu- nidad de decir una palabra antes que su mamá le lanzara la tí- pica bienvenida dominicana. Ahora es que vienes, ahora que tu hermano se está muriendo. Si hubiera sabido que eso era lo que hacía falta, me hubiera matado hace mucho tiempo. No le hizo caso, ni a mí tampoco. Se sentó al lado de su hermano y le tomó la mano. Míster, le dijo, ¿estás OK? Sacudió la cabeza: No De eso hace ya mucho tiempo, pero cuando pienso en ella, to- davía la veo en el hospital aquel primer día, directo del aero- puerto de Newark, con ojeras, el pelo enredado como una ménade, aunque había hecho tiempo antes de aparecer para ponerse un poco de maquillaje y pintalabios. Yo tenía la esperanza de recibir algo de buena energía hasta en el hospital, tratando de cazar cuc, pero en lugar de ello se explotó conmigo. ¿Por qué no cuidaste a Óscar?, me exigió. ¿Por qué? A los cuatro días lo llevaron para la casa. Y yo también regresé a mi vida. Fui a casa, con mi madre solitaria en el desbaratado London Terrace. Creo que si hubiera sido amigo suyo de verdad lo habría visitado en Paterson más o menos una vez por semana, pero no lo hice. ¿Qué puedo decirles? Era verano, andaba detrás de dos jevitas nuevas y, además, estaba tra-