LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 176
mitorio lo consideraban un grave psicópata. Las muchachas
sobre todo no se le acercaban. En cuanto a La Jablesse, ese año
se graduaba, así que un mes más tarde la mudaron a los dor-
mitorios del río y declararon caso cerrado. No la volví a ver
salvo una vez que yo iba en la guagua y ella por la calle, cami-
nando a Scott Hall con aquellas botas de dominatrix.
Y así terminó el año. Él completamente vacío de esperanza,
tecleando en la computadora; yo, con la gente constantemente
preguntándome qué se sentía siendo el compañero de cuarto del
Crazyman y yo preguntándoles a ellos si les gustaría que su culo
chocara con la punta de mi pie... Un par de semanas nada
agradables. Cuando llegó el momento de solicitar vivienda para
el año siguiente, Ó. y yo ni hablamos de eso. Mis panas seguían
estancados en casa de sus familias, así que tuve que probar
suerte en la lotería de nuevo y esta vez gané el premio gordo:
me dieron un cuarto para mí solo en Frelinghuy-sen. Cuando le
dije a Óscar que me iba de Demarest, salió de su depresión lo
suficiente como para parecer asombrado, como si hubiera
esperado otro resultado. Pensé... la verdad es que balbuceaba,
pero antes que yo pudiera decir otra palabra, dijo: Está bien, y
entonces, cuando yo me daba vuelta, me agarró la mano y la
estrechó con toda formalidad: Señor, ha sido un honor.
Óscar... le dije.
La gente me preguntaba: ¿Viste los indicios? ¿Los viste? Quizá
sí y sencillamente no quería pensar en eso. Y quizá no. ¿Qué
coño importa en realidad? Todo lo que sabía era que nunca lo
había visto más infeliz, pero había una parte de mí a la que no
le importaba. Que quería salir de allí de la misma manera que
había querido salir de mi ciudad natal.
Para nuestra última noche como compañeros de cuarto,
Óscar sacó dos botellas de Cisco naranja que yo le había com-
prado. ¿Recuerdan el Cisco? Crack líquido, le decían. Así que
ya saben lo fokin jumo que estaba Míster Flojo.