LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 175

Lo llamó esa misma noche y le preguntó qué le pasaba y claro que él se lo contó. A pesar de que yo estaba sentado ahí mismo. Míster, le ordenó, olvida y tumba. No puedo, lloriqueó. Me destrozó el corazón. Tienes que dejar eso, y así siguió hasta que, dos horas más tarde, él le prometió que iba a hacer un esfuerzo. Vamos, Óscar, le dije después de darle veinte minutos para que disfrutara su miseria. Vamos a meterle mano a los video- juegos. Sacudió la cabeza, impasible. No jugaré más al Street Fighter. ¿Y?, le pregunté a Lola después por teléfono. No sé, me dijo. Él se pone así a veces. ¿Qué quieres que haga? Cuídamelo, ¿OK? Nunca tuve la oportunidad. A las dos semanas, La Jablesse le dio el golpe final a su amistad con Óscar: él irrumpió en su cuarto mientras ella «entretenía» al punk, los encontró a los dos desnudos, es probable que cubiertos de sangre o algo parecido, y antes de que a ella le fuera siquiera posible decirle que se largara, él se puso como un demente. La llamó puta y atacó sus paredes, arrancando los afiches y lanzando los libros por todas partes. Me enteré porque una cierta blanquita vino corriendo y me dijo: Discúlpame, pero el estúpido de tu compañero de cuarto se ha vuelto loco, y tuve que subir las escaleras como un cohete y ponerle una llave de cabeza. Óscar, grité, cálmate, cálmate. Déjame tranquilo, chillaba, mientras trataba de pisotearme los pies. Fue horrible. En cuanto al punk, al parecer el tipo saltó por la ventana y corrió hasta George Street. Con el culo al aire. Así era Demarest. Nunca un momento aburrido. Para no cansar el cuento, a fin de no perder el cuarto en el dormitorio tuvo que asistir a unas sesiones con un consejero y no podía ir al segundo piso para nada. Ahora todos en el dor-