LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 17

dé, por cuántos desvíos se meta, siempre —y con esto quiero decir siempre- agarra a quien quiere. Que yo crea o no en lo que muchos han llamado The Great American Doom -La Gran Perdición Americana— no viene al caso. Si viven tanto tiempo como yo en el corazón de la tierra del fukú, oyen estos cuentos constantemente. Todo el mundo en Santo Domingo tiene en su familia una historia sobre el fukú. Tengo un tío en el Cibao, padre de una docena de hijas, que creía que una ex amante lo había maldecido para que no pudiera tener varones. Fukú. Tengo una tía que creía que la felicidad le había dado la espalda porque se había reído de una rival en su funeral. Fukú. Mi abuelo paterno está convencido de que la diáspora es la venganza de Trujillo por la traición de su pueblo. Fukú. Y está bien si ustedes no creen en estas «supersticiones». Perfecto. Mejor que perfecto. Porque crean lo que crean, el fukú cree en ustedes. Hace un par de semanas, mientras terminaba este libro, puse un mensaje sobre el fukú en la red, en el foro público DRi, solo por curiosidad. Hoy en día ando medio nerd. La respuesta fue una fokin avalancha. Si supieran la cantidad de comentarios que recibí. Y siguen llegando. Y no solo de do- mos. Los portorros quieren hablar del fufú y los haitianos tie- nen una bobería muy parecida. Hay millones de cuentos del fukú. Hasta mi mamá, que casi nunca habla de Santo Domin- go, ha empezado a compartir los suyos conmigo. Por supuesto, como ya se deben haber imaginado, yo tam- bién tengo un cuento de fukú. Me gustaría decir que es el mejor de todos —el fukú número uno— pero no es así. El mío no es el más pavoroso, ni el más rotundo, ni el más doloroso, ni el más lindo. Es sencillamente el que me tiene agarrado por el cuello.