LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 160
Me gustaba hacerlo parecer filantropía total por mi parte, pero no
era exactamente así. Claro que quería ayudar a Lola, quería
cuidarle a ese hermano loco suyo (sabía que él era lo único que
realmente quería en este mundo), pero también estaba
protegiendo mis propios jodíos intereses. Ese año, había sacado
el número probablemente más bajo en la historia de la lotería de
viviendas en la universidad. Oficialmente, era el último en la lista
de espera, lo que significaba que mi posibilidad de conseguir un
cuarto en un dormitorio era de cero o na, lo que quería decir,
como estaba en olla, que iba a tener que vivir en casa de mi
familia o en la calle, lo que hacía que Demarest, con toda su
friquiería, y Óscar, con toda su tristeza, no parecieran tan mala
opción.
Tampoco él era por completo un extraño... en fin, era el
hermano de la muchacha que había medio rapado. Lo había visto
en el campus los primeros años; difícil creer que él y Lola fueran
familia. (Yo Apokalips, bromeaba, ella Nueva Génesis.) A
diferencia de lo que hubiera hecho yo —que me hubiera
escondido de un calibán así- ella adoraba a ese nerdo. Lo invitaba
a las fiestas y a las manifestaciones. El llevaba los carteles,
repartía volantes. Su fokin asistente gordiflón.
Decir que nunca en mi vida había conocido a un dominicano
como él sería decir poco.
¡Ave, Perro de Dios! Esa fue su bienvenida en mi primer día en
Demarest.
Me tomó una semana descifrar lo que había querido decir.
Dios. Domini. Perro. Canis.
Ave, dominicanis.
Supongo que me debí haber dado fokin cuenta. El tipo siempre
decía que estaba asarao, lo decía constantemente, y si yo en