LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 153

muerte, porque tu primer hijo nunca nació. Ríes porque no tienes dientes delanteros y has jurado que no volverás a sonreír. Quisiera poder decirte otra cosa, pero lo tengo aquí mismo, grabado en la cinta. La Inca te dijo que tenías que salir del país y te reiste. Fin de historia. LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA REPÚBLICA Se acordaría de muy poco de los últimos meses más allá de su angustia y su desesperación (y su deseo de ver muerto a El Gángster). Estaba sumida en la Oscuridad, pasaba los días como una sombra pasa por la vida. No se movía de la casa a menos que la obligaran; al fin tenían la relación que La Inca había deseado siempre, salvo que no hablaban. ¿Qué se podía decir? La Inca hablaba sobriamente sobre el viaje al Norte, pero Beli sentía que ya buena parte de ella había desembarcado. Santo Domingo se desvanecía. La casa, La Inca, la yuca frita que se llevaba a la boca ya se habían ido... era solo cuestión de dejar que el resto del mundo la alcanzara. Solo recuperaba su viejo sentido cuando veía a los Elvis merodeando por el barrio. Gritaría, atacada por un miedo mortal, pero ellos se irían con un par de sonrisas bobas en las caras. Te veremos pronto. Prontísimo. Por la noche tenía pesadillas con la caña, con el Sin Cara, pero cuando despertaba La Inca siempre estaba allí. Tranquila, hija. Tranquila. (En cuanto a los Elvis: ¿Qué les ató las manos? Quizá fue- ra el miedo a la represalia ahora que había caído el trujillato. Quizá fuera la fuerza de La Inca. Quizá fuera el poder del fu- turo, retrotrayéndose al pasado para proteger a la tercera y úl- tima hija. ¿Quién sabe?) No creo que La Inca durmiera una sola noche durante esos meses. La Inca, que llevaba un machete consigo a todas partes.