LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 150
Una gran oscuridad descendió en la isla y por tercera vez des-
pués del ascenso de Fidel, el hijo de Trujillo, Ramfis, detuvo a
mucha gente, y una buena cantidad fue sacrificada de la ma-
nera más depravada que cabría imaginar: la orgía de terror
como celebración fúnebre, regalo del hijo al padre. Incluso una
mujer tan poderosa como La Inca, que con el anillo mágico de
su voluntad había forjado en Baní su propio Lothlo-rien, sabía
que no podría proteger a la muchacha contra un asalto directo
del Ojo. ¿Qué frenaría a los asesinos de regresar y terminar lo
que habían comenzado? Después de todo, habían matado a las
famosas Hermanas Mirabal, 21 que tenían renombre; ¿qué los
pararía de matar a su pobre negrita huérfana? La Inca sentía el
peligro de modo palpable, íntimo. Y quizá fuera la tensión de
su último rezo pero, cada vez que le echaba un vistazo a la
muchacha, podría jurar que tenía una sombra justo detrás del
hombro que desaparecía tan pronto trataba de enfocarla. Una
sombra oscura y horrible que le desgarraba el corazón. Y
parecía estar creciendo.
La Inca necesitaba hacer algo, así que, aunque todavía no
recuperada de su gran Ave María, pidió ayuda a sus antepasa-
dos y a Jesucristo. Rezó de nuevo. Pero además de eso, para
mostrar su devoción, hizo ayuno. Como la Madre Abigail. No
comió nada salvo una naranja, no bebió nada que no fuera
agua. Después de ese último consumo de piedad, su espíritu
quedó alborotado. No sabía qué hacer. Tenía la mente de una
mangosta pero, en fin, no era una mujer de mucho mundo.
Habló con sus amigos, que estaban a favor de enviar a Beli al
campo. Estará segura allí. Habló con su sacerdote. Debes rezar
por ella.
Al tercer día, le vino. Soñaba que ella y su marido difunto
estaban en la playa donde él se había ahogado. Él estaba prieto
otra vez como siempre en verano.
Tienes que sacarla de aquí.
21. ¿Y dónde fueron asesinadas las Hermanas Mirabal? En un cañaveral,
por supuesto. ¡Y luego metieron sus cuerpos en un carro y simularon un acci-
dente! Vaya, ¡un dos por uno!