LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 149

LA INCA, EN DETERIORO Todo esto es verdad, plataneros. Con la energía espiritual del rezo, La Inca le salvó la vida a la muchacha, le metió un zafa de grado A+ al fukú de la familia Cabral (¿pero a qué precio?). Todos en el barrio les podrán contar que, poco después que la muchacha se escurrió del país, La Inca empezó a degenerar, como Galadriel después de la tentación del anillo... por la tristeza provocada por los fallos de la muchacha, algunos dirán, pero otros señalarán hacia esa noche de rezo hercúleo. No importa qué prefieran, lo que no se puede negar es que después que Beli se fuera, el pelo de La Inca se comenzó a hacer de un blanco nevado y, para cuando Lola vino a vivir con ella, ya no era la Gran Potencia que había sido. Sí, le había salvado la vida a la muchacha, pero ¿para qué? Beli seguía siendo profundamente vulnerable. Al final de El retomo del rey, «un gran viento» se llevó el mal de Sauron y lo «sopló lejos», sin consecuencias duraderas para nuestros héroes, 20 pero Trujillo era demasiado poderoso, su radiación demasiado tóxica para que se disipara con tanta facilidad. Aún después de su muerte, su mal persistía. En cuestión de horas del baile bien pegao de El Jefe con esas veintisiete balas, sus subordinados enloque- cieron —satisfaciendo, dique, su última voluntad y venganza. no comerá más pollito. Y entonces los asesinos escondieron el cadáver de El Jefe... ¿dónde? En el maletero, por supuesto. Y así murió el viejo Fuckface. Y entonces pasó la Era de Trujillo (maomeo). He ido muchas, muchas veces al tramo de la carretera donde lo mataron. No hay nada que reportar, salvo que la guagua de Haina por poco me arrolla cada vez que crucé la carretera. Durante algún tiempo oí que esa parte del ca- mino era refugio de la gente que más preocupaba a El Jefe: los maricones. 20. «Y cuando los Capitanes miraron hacia el sur a La Tierra de Mordor, les parecía a ellos que, negro contra el paño mortuorio de la nube, se levantaba la forma gigantesca de una sombra, impenetrable, coronada por un relámpago, y cubría todo el cielo. Enorme, se alzó sobre el mundo y estiró hacia ellos una mano que amenazaba, terrible pero impotente; porque aun mientras se inclinaba sobre ellos, un gran viento lo tomó y lo sopló lejos, y así pasó; entonces cayó un silencio.»