LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 134
y antes de que terminara el año ya estaban cortando el bizcocho
y poniendo el primer pedazo en el plato de El Jefe. Todavía
hay algunos que aseguran que La Fea en realidad había sido
una profesional antes del ascenso de su hermano, pero eso
parece más calumnia que otra cosa, como decir que Balaguer
tuvo una docena de hijos ilegítimos y después usó el dinero del
pueblo para callarlo —ay, esperen, eso sí es verdad, pero lo
otro probablemente no lo sea. Coño, ¿quién puede llevar la
cuenta de lo que es verdad y lo que es mentira en un país tan
baká como el nuestro? Lo que sí se sabe es que los años ante-
riores al ascenso de su hermano la habían convertido en una
mujer bien fuerte y bien cruel; no era ninguna pendeja y se
comía a muchachas como Beli como si fueran pan de agua —si
esto fuera Dickens, sería dueña de un burdel-, pero no, esperen,
¡si era dueña de burdeles! Bueno, quizá Dickens la hubiera
hecho operar un orfelinato. Era uno de esos personajes que solo
una cleptocracia pudo haber engendrado: tenía cientos de miles
en el banco y ni un yuan de compasión en el alma; engañó a
todos los que tuvieron trato con ella, incluido su hermano, y ya
había llevado a dos respetables hombres de negocios a muertes
tempranas después de exprimirles la última mota. Se sentaba en
su inmensa casa en La Capital como una shelob en su telaraña,
manejando cuentas y dando órdenes a sus subordinados todo el
día y algunas noches de fin de semana, celebraba tertulias
donde sus «amigos» se reunían para soportar horas de poesía
declamada por su hijo, carente hasta el ridículo de oído musical
(era de su primera unión; ella y El Gángster nunca tuvieron
hijos). Bueno, un buen día del mes de mayo un criado se le
apareció en la puerta.
Déjalo, dijo ella con un lápiz en la boca.
Una inhalación. Doña, hay noticias.
Siempre hay noticias. Déjalo.
Una exhalación. Noticias sobre su esposo.