LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 112
¿Y ahora qué?, preguntó Beli.
Una sonrisa de dientes torcidos. Yo, yo me voy pa El Hol-
lywood a bailar. Tengo un buen amigo que trabaja en la puer-
ta y por lo que he oído habrá una fila de hombres ricos con
nada que hacer más que adorarme, ay sí. Se pasó las manos
temblando por las curvas de las caderas. Entonces paró el
show. ¿Por qué? ¿La princesa de la escuela privada quiere de
verdad ir conmigo?
Beli lo pensó un momento. Se imaginó a La Inca esperán-
dola en la casa. Pensó en la angustia que por fin comenzaba a
desvanecerse dentro de ella.
Sí. Quiero ir.
Y ahí estaba: la Decisión Que Cambió Todo. O, como ella
le explicó a Lola en sus Últimos Días: Lo único que quería
era bailar. Pero lo que me tocó fue esto, dijo, abriendo los
brazos para abarcar el hospital, sus hijos, su cáncer, los
Estados Unidos.
EL HOLLYWOOD
El Hollywood 15 fue el primer club de verdad al que Beli
había ido. Imagínensela: en aquellos días El Hollywood era
el lugar de moda en Baní, era Alexander, Café Atlántico y Jet
Set, todo en uno. Las luces, el opulento decorado, los guapos
en su fino ajuar, las mujeres con sus mejores poses de aves
del paraíso, la orquesta en el escenario como una aparición
del mundo de ritmo, los bailadores tan concentrados en
plantar bien el talón que se habría pensado que estaban
diciéndole adiós a la misma muerte: no faltaba nada. Puede
que Beli estuviera fuera de su liga, que no pudiera pedir un
trago o sentarse en las banquetas sin soltar los zapatos, pero
una vez que la música comenzó, vaya, nada de eso
importaba. Un corpulento
15. Unos de los lugares favoritos de Trujillo, mi mamá me contó cuando
el manuscrito estaba casi completo.