LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 111
aquella sin que le tostaran los testes. (Archie todavía vive y,
cuando voy de paseo por la capital con mi pana Pedro,
siempre veo su cara en los afiches políticos de algún partido
radical cuya única plataforma era traer electricidad de nuevo
a la República Dominicana. Pedro se burla: Ese ladrón no va
pa ningún lao.)
En febrero, Lillian tuvo que dejar el trabajo y volver al
campo a cuidar a su mamá enferma, una señora que, según
ella, nunca se había interesado en el bienestar de su hija. Pero
el destino de las mujeres en todas partes es ser desgraciadas
siempre, declaró Lillian, y se fue, dejando solo el calendario
barato que a ella le gustaba tachar. Una semana después, los
Hermanos Then la remplazaron. Contrataron a una muchacha
nueva. Constantina. De unos veinte años, risueña y amable,
cuyo cuerpo era todo pechuga y na de culo, una «mujer
alegre» (como se decía en esos tiempos). Constantina llegó
más de una vez a trabajar el almuerzo directa de una noche de
pachanga, oliendo a whisky y cigarrillos. Muchacha, no vas a
creer el lío en que me metí anoche. Era apacible y suave, aun-
que podía maldecir hasta que se le cayera el negro al cuervo
y, quizá reconociendo un alma gemela sola en el mundo, en-
seguida se le pegó a nuestra muchacha. Mi hermanita, llama-
ba a Beli. La muchacha más hermosa. Eres la prueba que
Dios es dominicano.
Constantina fue la persona que por fin la ayudó a sacarse
a Jack Pujols de adentro.
¿Su consejo? Olvídate de ese hijo de la porra, ese co-
mehuevo. Todo desgraciado que entra aquí se enamora de ti.
El maldito mundo entero es tuyo si quieres.
¡El mundo! Era lo que deseaba de todo corazón, pero
¿cómo lo lograría? Miraba el flujo de tráfico en el parque y
no entendía.
Un día en una burbuja de impulso femenino terminaron
de trabajar temprano, le llevaron sus ganancias a los comer-
ciantes españoles de la cuadra y se compraron un par de
vestidos que hacían juego.
¡Candela!, dijo Constantina con aprobación.