LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 110
frustrada invasión de Cuba en 1959. No pasaba un día que su
vida no corriera peligro y, como carecía de dirección fija, se
le aparecía a Beli sin advertencia. Archie (así lo conocían) te-
nía cabellos inmaculados, espejuelos como Héctor Lavoe y la
intensidad de un fanático de la dieta de South Beach. Vili-
pendiaba a los americanos por la Invasión Silenciosa de la
RD y a los dominicanos por su sumisión anexionista al Norte.
¡Guacanagarí nos ha maldecido a todos! Que sus ideólogos
más queridos fueran un par de alemanes que nunca en sus vi-
das habían conocido a un negro que les cayera bien era algo
que no venía al caso.
Beli se lo puso difícil a los dos tipos. Los veía en sus
casas y en la concesión de Fiat y le daba a cada uno su dosis
diaria de abstinencia. Ninguna salidita podía terminar sin que
el de la Fiat le rogara por un solo apretoncito. Por favor
déjame tocarlas con el dorso de la mano, maullaba, pero casi
siempre se lo negaba. Arquírnedes, cuando ella lo rechazaba,
al menos demostraba cierta clase. No ponía mala cara ni
murmuraba: ¿Para qué cono estoy gastando mi dinero?
Prefería tomárselo con filosofía. La revolución no se hace en
un día, decía, compungido, y entonces se relajaba y la
entretenía con sus cuentos de cómo burlaba a la policía
secreta.
Era fiel hasta a un zopenco como Jack Pujols, sí, pero
con el tiempo se le pasó. Era una romántica pero no una
pendeja. Para cuando por fin volvió en sí, sin embargo, las
cosas se habían hecho inciertas, por decirlo de alguna forma.
El país estaba alborotado; después de la invasión fracasada de
1959 se había descubierto un complot clandestino de jóvenes
que habían sido arrestados, torturados y asesinados. Política,
decía Juan, escupiendo y mirando todas las mesas vacías,
política. José no ofreció comentario; simplemente limpió su
Smith & Wesson en la privacidad del cuarto de arriba. No sé
si saldré bien de esta, le dijo Arquímedes en un intento
transparentemente
descarado
de
aprovecharse
de
su
compasión. Te irá bien, resopló Beli, zafándose del abrazo. Al
final, ella tuvo razón, y fue uno de los pocos que salió de