LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 102
una mujer íntegra, de las mejores de su clase, incapaz de
castigar a la muchacha. Llamémoslo un fallo del universo,
una enfermedad mental, pero La Inca simplemente no lo
podía hacer. Ni entonces, ni nunca. Todo lo que hacía era
agitar los brazos en el aire y lamentarse. ¿Cómo pudo
suceder esto?, La Inca preguntaba. ¿Cómo? ¿Cómo?
¡El se iba a casar conmigo!, Beli gritaba. ¡Íbamos a tener
hijos!
¿Estás loca?, La Inca rugió. Hija, ¿se te han aguado los
sesos?
Tomó un rato que las cosas se calmaran -y cómo lo
disfrutaron los vecinos (te dije que esa negrita no servía pa
na)-, pero al fin las cosas se calmaron y solo entonces La Inca
convocó a una sesión especial para discutir el futuro de
nuestra muchacha. Lo primero que hizo fue darle a Beli el
sermón número quinientos miliquitanto condenando su falta
de juicio, su falta de moral, su falta de todo, y solo cuando
había terminado con esos preliminares fue que anunció la
nueva ley: Regresarás a la escuela. No a El Redentor sino a
otra casi tan buena. A la Padre Billini.
Y Beli, sus ojos todavía hinchados por la pérdida de Jack,
se rió. Yo no vuelvo a la escuela. Jamás.
¿Se le había olvidado el sufrimiento durante los Años
Perdidos en busca de educación? ¿El costo? ¿Las cicatrices
terribles en su espalda? (La Quemadura.) Quizá sí, quizá las
prerrogativas
de
esta
Nueva
Era
habían
hecho
intrascendentes los votos de la Anterior. Sin embargo,
durante aquellas tumultuosas semanas posteriores a la
expulsión, mientras se retorcía en la cama por la pérdida de
su «esposo», una mayúscula turbiedad había estremecido por
momentos a nuestra muchacha. Fue su primera lección sobre
la fragilidad del amor y la cobardía preternatural de los
hombres. Y como fruto de esa desilusión e inquietud, Beli
hizo su primera promesa de adulta, la que la acompañaría a
través de los años, hasta los Estados Unidos y más lejos. No
serviré a nadie. Jamás se volvería a dejar llevar por nadie que