LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 101
no lo vio más, salvo una vez en el Listín Diario, y para enton-
ces ambos ya habían pasado los cuarenta.
Puede que Pujols se portara como un cobarde de siete
suelas, pero fue la reacción de Beli la que no tuvo nombre.
Nuestra muchacha no solo no sintió una gota de vergüenza
por lo sucedido, aun después de la sacudida que le habían
dado el rector, la monja y el conserje —un Holy Triple
Team—, ¡sino que se negó por completo a admitir su culpa!
Si hubiera girado la cabeza 360 grados y vomitado sopa de
guisantes habría causado menos alboroto. En la manera terca
típica de Beli, nuestra muchacha insistió que no había hecho
nada malo, que si a eso vamos, estaba en todo su derecho.
Puedo hacer lo que me dé la gana, dijo Beli, obstinada,
con mi marido.
Al parecer Pujols le había prometido a Belicia que se
casarían tan pronto los dos terminaran la secundaria y Beli se
había tragado el anzuelo. Es difícil, sin duda, reconciliar esa
ingenuidad con la tipa dura, sensata, la matadora, que llegué
a conocer, pero es importante recordar que era joven y estaba
enamorada. Y si de fantasía hablamos: la muchacha sincera-
mente creía que Jack cumpliría su palabra.
Los Buenos Profesores de El Redentor jamás pudieron
ex-primirirle nada que se acercara a un mea culpa. Ella no
dejaba de sacudir la cabeza con la misma tozudez de las
Leyes del Universo: No No No No No No No No No No No
No No No No No No No No No No No No No No No No
No No No No No No No No No No No No No No No No
No No No No No No No No No No No No No No No No
No No No No No No No. Pero, al final, nada de eso importó.
El tiempo de Belicia en la escuela terminó, tal como el sueño
de La Inca de reconstruir en Beli el genio de su papá, su
magia (su excelencia en todo).
En cualquier otra familia este incidente habría significado
una paliza que la dejara a las puertas de la muerte y la
mandara de cabeza al hospital, y en cuanto se hubiera
recuperado, otra que la trajera de regreso, pero La Inca no
era esa clase de madre. Ya ven, La Inca era una mujer seria,