LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 962

PRIMERA DÉCADA DE UNASUR, 2008-2017 977 ción Electoral” que refuerce las misiones electorales del CEU; 8) crear la “Escuela Surameri­cana de Defensa” bajo la orientación del CDS; 9) dotar a la Secretaría General de la UNASUR de todas las herramientas para el cumplimiento de sus nuevas funciones; 10) desarrollar el concepto de ciu- dadanía suramericana. En palabras de Alejandra Racovschik, es posible señalar que durante los primeros meses de gestión de Ernesto Samper “hubo claros gestos que dieron muestras de una verdadera intención política de pasar de la ‘visión a la acción’” (Racovschik, 2014:2). Es decir, lo trascendente de la Cumbre Extraordinaria celebrada el 4 y 5 de diciembre de 2014 en las ciudades de Guayaquil y Quito, fue el respaldo explícito que los presidentes de Améri- ca del Sur brindaron al proyecto de Samper, apoyo que quedó plasmado en la declaración final de dicha Cumbre —con el beneplácito del CJEG por el documento “De la visión a la acción”—, así como por la voluntad expre- sa de continuar con el proceso de construcción de la ciudadanía surameri- cana y de consolidar la Secretaría General. Con este ánimo “relancionista” es posible destacar que, durante 2015, los consejos sectoriales celebraron reuniones de trabajo y avanzaron en sus planes de acción. Todo indicaba una revitalización de la UNASUR. Sin embargo, la crisis de gobernabilidad en Venezuela —que se agravó durante la presidencia de Nicolás Maduro— tendría repercusiones en la integración suramericana: primero, con una crisis diplomática con Colombia; luego, llevando a la polarización política en Suramérica y, por último, paralizan­ do la UNASUR. El 19 de agosto de 2015, dos hombres en motocicleta atacaron por la espalda, con armas largas, a cuatro personas (tres integrantes de las fuerzas armadas venezolanas y un civil) que participaban en operaciones anticon- trabando. Momentos después del ataque, el gobierno venezolano ordenó el despliegue policial en diversos municipios fronterizos e implementó el “Operativo de Liberación y Protección del Pueblo”, por el cual se ordenó no sólo la militarización de la frontera y un estado de excepción en ella, sino también la deportación de más de mil colombianos: la condena de Bogotá a las acciones de Caracas vino el 25 de agosto. Ante la crisis, los presidentes de ambas naciones plantearon como posibles mediadores a la Or­ganización de Estados Americanos o la UNASUR. Colombia dio prioridad a la OEA. Así, el 31 de agosto del mismo año tuvo lugar en Washington una maratónica sesión para decidir si la organi- zación convocaría a una reunión urgente de cancilleres. Sin embargo, la delegación colombiana sufrió una derrota cuando no logró conseguir los 18 votos necesarios (de los 34 posibles) para que se aprobará su iniciativa.