LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 94
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FERNANDO ESCALANTE GONZALBO
dado que los extremos lógicos son imposibles, sólo Estado o sólo mercado, es
necesario trazar la frontera en algún lugar, entre competencia y planeación,
y eso es un problema eminentemente práctico. No una diferencia insalvable.
La objeción no hizo ninguna mella en Hayek, porque su argumentación
básica depende de la alternativa maniquea, de que se tome en serio como tal,
de todo o nada. Varias veces repite en el libro que no hay más opciones que
el orden gobernado por la disciplina impersonal del mercado o el dirigido
por la voluntad de unos cuantos individuos. Va un poco más lejos en algu
na ocasión, para hacer más dramática la disyuntiva: “competencia y direc
ción centralizada son métodos incompatibles, y son pobres, insuficientes
si se aplican de modo parcial, incompleto, de modo que la mezcla de las
dos será siempre peor que si se hubiese confiado en uno cualquiera de ellos”.
Es claro que se trata de una estrategia retórica para hacer más apremiante
la elección, para hacer más gravosa la idea de una economía mixta. No deja
de tener un aire de argumento falaz, más o menos frecuente en los textos de
Hayek.
Por lo demás, en lo sustantivo, el libro presenta ya en esquema los dos
grandes argumentos que componen su obra. En primer lugar, como en Mi
ses, la idea de que el sistema de precios en una economía libre permite
procesar una cantidad ingente de información, imposible para ninguna
cabeza humana. Y que por eso la competencia es el único método capaz de
coordinar la conducta de la gente sin recurrir a la coacción, y es el único
que permite el funcionamiento eficaz de la economía. En segundo lugar,
como en Lippmann, el tema del derecho. En una sociedad libre el Estado tie
ne que establecer las reglas generales, que obligan a todos y que permiten las
elecciones libres de cada uno. Pero nunca puede meterse a regular asun
tos concretos, ni decidir la redistribución de los recursos, ni favorecer de
ningún modo a grupos sociales específicos mediante leyes particulares, a
riesgo de degenerar en tiranía.
Camino de servidumbre es un libro de guerra. Así pensado y así escrito.
Si se toma eso en cuenta se entiende el énfasis en las virtudes inglesas como
expresión última de la civilización: independencia, confianza en uno mis
mo, iniciativa individual, responsabilidad, tolerancia, desconfianza hacia
el poder. Y se entiende también que el colectivismo, como amenaza catastró
fica, inminente, aparezca como una enfermedad típicamente alemana, he
cha de puro odio hacia los valores de Occidente, que después produce esas
formas simétricas de la opresión que son el fascismo y el comunismo. El
enemigo, está claro, es Alemania.
En los 30 años siguientes, Hayek va a elaborar extensamente esas ideas,
pero en lo fundamental su pensamiento está ya acabado y completo ahí. In
cluso en detalles muy concretos, que tendrán relevancia muchos años des