LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | страница 92

92 FERNANDO ESCALANTE GONZALBO De hecho, Mises anticipa un motivo retórico que será fundamental en la carrera del neoliberalismo, cuando califica todas las medidas de protección legal del trabajo como recursos del “destruccionismo”. Según su argumen­ tación, la limitación de la jornada laboral afecta al rendimiento de la eco­ nomía; la prohibición del trabajo infantil perjudica sobre todo a las familias obreras, que se ven privadas de ese posible ingreso; los seguros contra acci­ dentes y enfermedades laborales contribuyen al aumento de ambas cosas, accidentes y enfermedades; el seguro de desempleo produce desempleo; y el seguro social, en cualquiera de sus formas, debilita la voluntad y corrompe la moral de los trabajadores. Llama la atención la aspereza del lenguaje, pero en su momento, en la Viena de entreguerras, es el tono habitual del de­ bate político. La mayor violencia verbal de Socialismo está reservada a los sindicatos. También en eso señala un camino. Su argumento descansa sobre la idea de que los sindicatos tienen privilegios ilimitados, que les permiten obtener todo lo que desean a expensas del resto de la población. De modo que su existencia misma es incompatible con cualquier sistema de organización social —entre otras cosas—, porque su medio de acción específico, la huel­ ga, no es más que terrorismo. En Mises hay también una veta populista que estará después entre los recursos retóricos más eficaces del neoliberalismo. En su caso, deriva espe­ cíficamente de una confusión entre mercado y democracia, que resulta del hecho de que en ambos casos la gente elige algo. El orden social capitalista, dice Mises, debería llamarse democracia económica, puesto que el poder de los empresarios depende del voto de los consumidores, que son soberanos, igual que en la política, de modo que la riqueza es siempre resultado de un plebiscito: son los consumidores los que hacen ricos a los pobres y pobres a los ricos, como hacen a unos diputados, alcaldes, jefes de Estado. El he­ cho de que en esa democracia económica el derecho al voto dependa de la riqueza, ni siquiera se plantea. La amenaza real, para Mises, es el Estado, que pretende interferir con la voluntad de los consumidores mediante leyes, re­ glamentos, prohibiciones. La gente sabe lo que quiere: “¿quién es el profesor X para arrogarse el privilegio de descartar la decisión de los consumidores?”. Todo eso, los argumentos, el tono, las metáforas, todo aparecerá de nuevo y con mucha frecuencia lo veremos. Parecerá cada vez más sólido, indiscu­ tible. Pero acaso lo más importante del libro sea la conceptualización del mercado, que sirve como recurso para criticar al socialismo. El socialismo es imposible, dice Mises, porque pretende eliminar el sistema de precios, y sin precios no se puede organizar la vida económica, porque no se puede saber qué quiere la gente, qué necesita, qué valora, qué puede producir. El precio es un signo que incorpora de manera automática toda esa información y