LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Seite 847

GOBERNACIÓN AMBIENTAL EN MÉXICO 859 y Respuesta a Emergencias, Recursos de Información Ambiental, Preven- ción de la Contaminación, y Aplicación y Cumplimiento Cooperativos. Al iniciar el nuevo siglo, sin embargo, una evaluación académica concluía que, aunque México y Estados Unidos habían realizado progresos importantes al cobijo de Frontera XXI, con el programa sustituto Frontera 2012, el im­ pulso había disminuido (Rohy, 2003). Entre uno y otro programa, el discur­ so ambientalista oficial respecto a la contaminación y el resto de problemas ambientales pasó de “abatir” a “reducir”. Por otro lado, Frontera 2012 con­ vocó a una nueva organización de los grupos de trabajo del programa ante­ rior. No sin sorpresa, declaró la desaparición de los grupos de agua, aire y residuos peligrosos, los que fueron incorporados a nuevos “grupos de traba­jo de toda la frontera”. Los problemas antes atendidos por esos grupos pasa- ron a ser discutidos al interior de “foros de política”. Por ejemplo, la labor del grupo de trabajo sobre residuos sólidos y peligrosos (centrada en su- pervisar los movimientos y efectos transfronterizos de los residuos peligros, así como el desarrollo de nuevos sitios de eliminación y el mantenimiento o limpieza de sitios antiguos) fue subsumida en esos foros (Belenky, 1999; EPA y Semarnat, 2003; Santes-Álvarez, 2009). Por razón de las lecciones de Frontera XXI y Frontera 2012, se advirtió la necesidad de establecer un proceso de evaluación ambiental transfronterizo para proteger comunidades de potenciales impactos negativos. En adición, se consideró imperioso poner en marcha programas conjuntos para atender problemas, en los cuales participaran interesados de varios sectores como la industria, organizaciones de la sociedad civil, agencias gubernamentales y las comunidades (Rohy, 2003). Evidentemente, los logros de los pactos ambientales, desde el Acuerdo de La Paz hasta Frontera 2012, fueron limi- tados. Es factible que ello encuentre explicación en las características propias de esas iniciativas; no obstante, debe repararse en que todas han sido gesta- das en el seno de los gobiernos nacionales; por tanto, solamente responden al estilo de gobernación que México y Estados Unidos han estado en dispo- sición de consentir. Esta especificidad quedó perfectamente dibujada en 1944, cuando ambos países acordaron la creación de una instancia técnico- burocrática con amplio margen de actuación para atender los problemas de límites y aguas transfronterizas, la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA). Concebida como un arreglo conservador, comandado por expertos ad hoc (esencialmente ingenieros), la CILA ha sido y sigue siendo reacia a la inclusión de voces alternativas en sus procesos decisorios (San- tes-Álvarez, 2009). Aun cuando los pactos ambientales abordan objetivos diversos —que van más allá de los asuntos de aguas—, y en ellos se registra la participación de actores no formales como organizaciones de la sociedad