LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Página 844

856 RICARDO V. SANTES-ÁLVAREZ advierten que el asunto expondrá los mayores desencuentros en dos cues- tiones inseparables de la dinámica comercial: el laboral y el ambiental. Su argumentación es que la mejoría del ambiente y de las condiciones labora- les es consecuencia del crecimiento económico; por tanto, sin crecimiento es prácticamente imposible mejorar dichas condiciones (Expansión-CNN, 2017). La tesis citada no es nueva. En febrero de 1991 —en los prolegómenos de la firma del TLCAN—, México y Estados Unidos signaron el Plan Inte- gral Ambiental Fronterizo 1992-1994, tendiente a “sanear el ambiente fron- terizo”, precisamente bajo el argumento que “el crecimiento económico de largo plazo no es posible sin la protección ambiental, y que la protección ambiental no es posible sin el crecimiento económico” (Santes-Álvarez, 2009:134-135). Los conocedores tienen la palabra, aunque una mejora eco­ nómica no parece reflejarse ni en los bolsillos de los mexicanos ni en un progreso en las condiciones ambientales de la región fronteriza. La percep- ción es que, si bien en su primera versión el acuerdo trilateral produjo in- cremento en comercio e inversión, no fue capaz de crear la prosperidad esperada en las comunidades de uno y otro lado (GNEB, 2017). En esa lógica, la expectativa de un avance en el estado de cosas de cara a una segun­ da edición del pacto trilateral, es limitada. Resulta necesaria una revisión de esta circunstancia. En la siguiente sección se ofrece una mirada al panorama ambiental en la frontera México-Estados Unidos; en la tercera parte se hace hincapié en el manejo y transporte transfronterizo de residuos peligrosos, uno de los asuntos más incómodos de la relación bilateral. En el apartado siguiente se destaca el arreglo institucional que México ha desarrollado en el periodo. En la quinta sección se discute el escenario del manejo y transporte de los re­siduos peligrosos a la luz del “TLCAN 2.0”. El trabajo cierra con una re­ fle­xión sobre el futuro de la política mexicana en la materia para la región fronteriza. E L AMBIENTE COMPARTIDO La frontera de México y Estados Unidos ha sido foco de atención desde el origen mismo de la irremediable vecindad, esencialmente con la pretensión de ordenar la compleja relación: es imposible obviar que ambos países comparten una línea divisoria que se extiende a lo largo de más de tres mil kilómetros, entre el Océano Pacífico y el Golfo de México. La época con- temporánea desvela una interacción asimétrica, donde el vecino al sur se cataloga como país en vías de desarrollo, en tanto que el del norte es la