LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 84
84
FERNANDO ESCALANTE GONZALBO
económica mediante obras públicas y gestión monetaria. Pero también
hubo diferencias entre ellos, que tienen su interés. La más importante, la
que oponía a los austriacos, Hayek y Mises, de un liberalismo mucho más
intransigente, que no admitía concesiones, con los más moderados, Rüstow
y sobre todo Lippmann, que veían con mayor simpatía los ensayos de Roo
sevelt y el gasto social.
En adelante, ya lo veremos, la escuela austriaca va a ser dominante en el
movimiento neoliberal, sobre todo por la energía de Hayek y la monumen
tal ambición de su obra. No obstante, en París, en 1938, domina el punto de
vista de Lippmann, en particular la idea básica de The Good Society, que
entusiasma a Louis Rougier. Vale la pena un resumen.
En términos muy simples, Lippmann viene a decir que el régimen liberal
no es espontáneo, sino producto de un orden legal que presupone la inter
vención deliberada del Estado. La expresión laissez-faire, dejar hacer, fue
durante mucho tiempo un eslogan más o menos atractivo, pero no podría
servir como programa político: imaginar que el mercado es una institución
natural, que surge por sí sola, y que no necesita sino que se aparte el Estado,
es ingenuo, dogmático y por eso peligroso. El mercado es un hecho históri
co, se produce. Y depende de un extenso sistema de leyes, normas, institu
ciones: derechos de propiedad, patentes, legislación sobre contratos, sobre
quiebras y bancarrotas, sobre el estatus de las asociaciones profesionales,
los oficios, las empresas, legislación laboral, financiera, bancaria. Nada de eso
es natural. Pero además no basta con que esas leyes se hayan dictado en
algún momento. El orden no es definitivo. Una economía liberal necesita
adaptarse permanentemente al cambio, necesita restaurar siempre de nue
vo las condiciones de la competencia, que la inercia social tiende a destruir.
La idea puede parecer hoy una simpleza, casi un lugar común. En su mo
mento sirvió para que la intención de renovar el liberalismo, mediante la
recuperación del mercado, cristalizase en un programa político concreto.
Otro argumento de Lippmann tiene interés. El propósito fundamental
de la ley en un sistema liberal es evitar la arbitrariedad, estabilizar las expec
tativas sobre el comportamiento de todos. Eso significa que la ley tiene que
ofrecer un marco general de normas para ordenar las relaciones, un conjunto
de derechos recíprocos, pero no puede dictar ninguna conducta específica
ni puede decir nada sobre los propósitos de nadie, ni sobre lo que cada quien
considera valioso. El derecho establece el marco de la libertad, nada más,
nada menos.
No es fácil ver de entrada las implicaciones, porque parece algo muy ob
vio. La dificultad está en distinguir una cosa de otra. Veamos. Los extremos
están claros: el derecho puede legítimamente establecer la libertad de ex
presión, la libertad de trabajo, la libertad de tránsito, por ejemplo, sin que