LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 822

834 MIRIAM ALFIE COHEN, ÓSCAR FLORES JÁUREGUI Tratado de la Paz fue haber sido el primer instrumento para lograr arreglos formales entre los dos países, establecer reglas para enfrentar problemas am- bientales comunes e incorporar la condicionante “el que contamina paga”, elementos clave en las posteriores negociaciones ambientales bilaterales. Sin embargo, las críticas más importantes que el Tratado recibió están relacio- nadas a su “[…] carencia de visión ecosistémica, mecanismos de planifica- ción y administración ineficientes, y arreglos inadecuados para permitir el acceso a la información y la representación y participación del público en la planificación y toma de decisiones” (Santos-Álvarez, 2009). Plan Integral de Ambiente Fronterizo (1992) Para 1992 y ante la posible firma del TLCAN, los grupos ambientalistas estadounidenses ejercieron presión sobre su gobierno para firmar con el mexicano el Plan Integral de Ambiente Fronterizo (PIAF). Este plan incluía el monitoreo ambiental en la zona fronteriza, programas específicos para combatir la contaminación, planes de desarrollo urbano, protección a los recursos marinos, conservación de la vida salvaje, control de pesticidas y prevención de agentes contaminantes. La EPA y la SEDUE serían las encar- gadas de llevar a cabo tales propósitos. El PIAF vislumbró un enfoque integrado para la puesta en marcha de numerosas soluciones ambientales. Sus objetivos fueron: 1) continuar con actividades de control de la contaminación, incluyendo evaluaciones pe- riódicas de los riesgos a la salud ambiental; 2) fortalecer las actividades de regulación ambiental, a través de nuevos programas de cooperación y pro- yectos que complementaran al Tratado de La Paz; 3) asignar recursos adi- cionales para el control y la prevención de la contaminación, y 4) crear programas de prevención y acción voluntaria. Tal vez el éxito más importante del PIAF fue proceder al análisis de una serie de problemas ambientales comunes que ambos países considera- ban como prioritarios. Así, el manejo de los desechos producidos por las maquiladoras ocupó el primer lugar, ya que México carecía de regulacio- nes para el manejo de desechos peligrosos (Ganster, 2002). El PIAF gene- ra el primer marco normativo para el desarrollo ulterior de un programa binacional, denominado Sistema de Intercambio de Desechos Peligrosos (HAZTRAKS), en el cual se establecen rutas de traslado de estos desechos a través de la frontera (Mumme y Salven, 1988). Este plan obligó tanto a las autoridades gubernamentales como a los propietarios de las maquiladoras, a ubicar y contabilizar los desechos peligrosos depositados en forma ilegal e ina­decuada a lo largo de la frontera. A pesar de ello, las nuevas corrientes políticas, encabezadas por diversos grupos ambientalistas locales, estatales y regionales, lanzaron fuertes críti-