LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 662
LA RENEGOCIACIÓN DEL TLCAN EN MATERIA DE ENERGÍA
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prácticas discriminatorias, las corporaciones transnacionales pueden lle-
var a los gobiernos a cortes internacionales.
Los corporativos de la energía en América del Norte proponen preservar
la “autonomía regulatoria” a la par de la coherencia regulatoria que en
realidad son mecanismos de homologación de normas (compartidas) y
protocolos, la armonización de los estándares de la industria y una mayor
alineación entre las políticas energéticas de Canadá, México y Estados Uni
dos, particularmente en comercio y energías renovables. Si bien esto facilita
rá la operatividad de las industrias de la energía en la región, en vista de las
asimetrías, sobre todo con México, será una imposición de disposiciones ju-
rídicas por parte del país hegemónico. Si la integración fuera entre iguales
(países y actores), serían válidos los términos armonización, homologa
ción, alineación, pero en el caso de México su aplicación ha llevado a la
profundización de una integración subordinada en el diseño de su política
energética.
Finalmente, interesa a los empresarios extranjeros incorporar la letra de
la reforma energética al TLCAN. Esto añade certidumbre a sus inversiones
en disposiciones legales, en las que consideran existen indefiniciones jurí
dicas. Ven la renegociación del tratado como la oportunidad para incorporar
de facto dicha reforma al TLCAN modernizado, logrando mayor certeza pa-
ra el acceso a los sectores estratégicos, mercados nacionales de energía y
garantía para sus inversiones, cerrando cualquier posibilidad de revertir la
reforma energética en México. De incorporar esta reforma al TLCAN, habrá
que considerar que para México el acuerdo tiene un estatus cuasi consti
tucional, por lo que con ello los intereses corporativos garantizarían la no
reversión de la reforma energética.
Hoy que los vientos mundiales que empujan a opciones nacionalistas y
en algunos casos reaccionarias y xenófobas, resultantes de las contradic
ciones y límites a que ha llegado la globalización y el liberalismo, cabría pre
guntarse si es posible pensar en una opción, una propuesta alternativa en
México, sobre todo considerando la vecindad con Estados Unidos, la au
sencia de democracia en las políticas de integración que han terminado por ser
una prerrogativa de las elites que ya nadie cuestiona cuando los arreglos son
inconstitucionales.
El problema es tomar una dimensión correcta para cualquier posible
respuesta. Ya que habría que ir más allá de una visión doméstica y partir de un
análisis regional considerando los estrechos márgenes de acción con que
contamos, habida cuenta de las asimetrías económicas, de poder y la men
talidad colonializada de nuestros gobernantes. También existe una falta de
visibilidad de enfoques alternativos internos, resultante del dominio del
consenso hegemónico en torno a la propuesta integracionista de América