LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 627

632 GEORGE A. DYER, ALAN HERNÁNDEZ S., PABLO MEZA P., ANTONIO YÚNEZ N. Elevar la productividad ha sido un objetivo condicionado de la estrategia modernizadora, que se ha procurado a través de la distribución de subsi- dios entre productores. A pesar de que dicha intervención contraviene los principios de la política liberal, basada en los mercados, la presunción ha sido que ésta sería eficaz al concentrarse en productores empresariales y organizados, no obstante que la evidencia empírica al respecto es escaza. 16 Sobre sus resultados, puede decirse que no hay evidencia contundente de que el gasto haya redituado. Lo que puede aducirse, por un lado, es el es- tancamiento del rendimiento de granos, oleaginosas y forrajes en zo- nas irrigadas, donde se ha concentrado el gasto público. En algunos casos, los rendimientos han visto tendencias más favorables en zonas de temporal (gráfica 6), no obstante lo escaso del apoyo oficial. 17 Por otro lado, debe no­tarse la ausencia de evaluaciones de impacto por parte del gobierno, o in- cluso en la academia, que constaten los beneficios de la política agropecua- ria. Lo anterior se debe, en parte, a la imposibilidad de evaluar programas en constante recambio y a la preocupante escasez de información que haga po­ sible estudios detallados del sector. Esta situación incluye el levantamiento de un solo censo agropecuario desde que entrara en vigor el TLCAN, en 2007, además de que la SAGARPA no cuenta con una base de datos para evaluar o determinar la población objetivo de sus programas. 18 En todo caso, el efecto del gasto agropecuario ha sido patente en la su- perficie cultivada en granos y forrajes, particularmente maíz y sorgo (Ro- senzweig et al., 2000), lo cual contradice la expectativa de una reconversión eficiente del suelo tras el célebre retiro de la intervención gubernamental. Como se dijo, dicha superficie aumentó en zonas de temporal entre 1993 y 1997, y en las irrigadas a partir de 2001. La primera expansión atribuible a la introducción de PROCAMPO, no fue deliberada pues, como se sabe, éste nunca fue uno de los objetivos de un programa que, se decía, no tendría efectos en la producción. La expansión fue resultado de quebrantar la ele- gibilidad del programa por motivos clientelares, incorporando tardíamen- te superficies que no eran sembradas en maíz (u otros cultivos elegibles) antes de la introducción del PROCAMPO. La segunda expansión, por el Sobre la eficacia que tienen los productores agropecuarios comerciales con tierras irrigadas para obtener subsidios, a partir de su poder y organizaciones, véase Orrantia Bustos (2006). 17 Los rendimientos entre los productores rurales están inversamente relacionados con el tamaño del predio, lo que sugiere el uso intensivo de mano de obra entre pequeños propietarios (Yúnez et al., 2017). 18 La llamada Línea de Base 2008, usada por la SAGARPA para definir la población objetivo de varios de sus programas no es representativa de las unidades económicas rurales de México. Lo es únicamente del padrón de beneficiarios, hasta 2008, de la misma secretaría (SAGARPA, 2009). Esta base de datos excluye, pues, a gran número de productores agropecuarios; es decir, a la población que no ha recibido apoyos, lo cual sólo puede exacerbar su continua exclusión. 16