LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 626

LAS REFORMAS DE MERCADO, EL TLCAN Y LA POLÍTICA AGROPECUARIA 631 S ÍNTESIS Y EVALUACIÓN DE LA POLÍTICA SECTORIAL La estrategia implícita y sus resultados Aquí se propone que la estrategia implícita en la “modernización del campo” mexicano ha sido depender del comercio exterior como motor del creci- miento sectorial, utilizando el gasto público para apuntalar la rentabilidad de la producción empresarial y promover un saldo favorable en la balanza de pagos. Otros objetivos sectoriales deben considerarse meramente nomina- les o, en el mejor de los casos, condicionados al cumplimiento de los dos anteriores. La estrategia persigue ambos objetivos simultáneamente —inclu­ so a costa de la eficiencia y productividad del sector— a través de subsi­dios a los costos de producción, comercialización y transporte, a la inversión privada, y al ingreso de productores empresariales. Sus resultados han sido los siguientes: Como puede observarse, la expectativa de un comercio exterior creciente se ha cumplido en lo general (gráfica 1). No obstante los constantes retro- cesos en la primera década del TLCAN, el monto del intercambio comer­- cial se ha potenciado en los últimos diez años. Sin embargo, el saldo en la balanza del comercio sectorial ha resultado tan volátil como impredecible: la magnitud del comercio ha redundado en amplios superávits en años recientes, así como grandes déficits en el periodo anterior. Y si estos últi- mos han estado asociados a la volatilidad del precio de las importaciones, los primeros podrían deberse a la constante caída del peso frente al dólar, lo cual se esperaría fuera también un fenómeno pasajero. Contrario a lo que se anticipaba, el comercio exterior no siempre ha estado ligado al crecimiento sostenido del sector agropecuario. A saber, el valor bruto sectorial sufrió una mengua sustancial después de entrar en vi- gor el TLCAN, y no recuperó su nivel original sino hasta 2007 (gráfica 4). Al mismo tiempo y no obstante la retórica oficial, no es posible concluir que el rápido crecimiento de la última década sea una tendencia inducida ni perdurable. Lo anterior porque esta trayectoria no se debe al aumento de la producción exclusivamente, sino también al alza inesperada en los precios de granos y oleaginosas, lo que está fuera del control de las autorida­ des gubernamentales. El mismo aumento en la producción de estos culti- vos debe atribuirse principalmente a la extensión de la superficie cultivada, particularmente en zonas irrigadas del norte del país, y no a incrementos en su productividad por hectárea: salvo el maíz en grano (más no el forra- jero), ninguno de los principales granos y forrajes bajo riego, ni el frijol, han mostrado aumentos significativos en rendimientos en la última década (gráfica 6).