LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Seite 192
EXPECTATIVAS, ESPEJISMOS Y REALIDADES DEL TLCAN
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agregado de la economía mexicana bajo el TLCAN ha resultado muy infe
rior al observado bajo la estrategia de desarrollo económico liderado por el
Estado. Hay que recordarlo: esta estrategia comprendió —en contraste con
la estrategia neoliberal— múltiples instrumentos de intervencionismo gu
bernamental: en primer lugar, políticas macroeconómicas (monetaria, fis
cal y cambiaria) activas y prudentemente manejadas (con excepción de los
años setenta y primeros ochenta, cuando se perdió la mesura en las políti
cas macroeconómicas), las cuales permitieron el crecimiento sostenido del
PIB y del empleo. 3 En segundo lugar, políticas de fomento económico ge
3
Durante el último tramo de la estrategia de desarrollo económico liderado por el Estado,
bajo los gobiernos de Luis Echeverría Álvarez y de José López Portillo, la prudencia que había
caracterizado las intervenciones gubernamentales en la economía, cedió su lugar a severas fallas
de manejo macroeconómico —principalmente en política cambiaria—, que abrieron la bre-
cha de divisas en la cuenta corriente. Para empezar, la fuerte sobrevaluación del peso observada
durante el periodo 1971-1975 —la paridad se mantuvo constante en $12.50 por dólar, no obs
tante que la inflación mexicana alcanzó el 12.1% anual contra 6.8% anual en Estados Unidos
durante dicho periodo— provocando un crecimiento vertiginoso de las importaciones, a un
ritmo mayor que las exportaciones. En consecuencia, el déficit de cuenta corriente alcanzó el 4.9%
del PIB en 1975, obligando a la macrodevaluación de 1976, que permitió reducir el déficit corriente
al 1.9% del PIB en 1977. Sin embargo, durante el gobierno del José López Portillo, bajo la divisa
de “un presidente que devalúa, se devalúa”, volvió a provocarse una fuerte sobrevaluación: la
paridad peso/dólar pasó de $22.58 en 1977 a sólo $24.51 en 1981, no obstante que la inflación
acumulada durante ese lapso fue de 198.6% en México contra 59.6% en Estados Unidos, pro
vocándose nuevamente —no obstante los enormes ingresos petroleros— un creciente déficit de
cuenta corriente (de 6.5% del PIB en 1981), que incrementó la adicción al ahorro externo y
desembocó en la crisis de la deuda de 1982. Paradójicamente, la misma grave falla de manejo
macroeconómico en política cambiaria, volvió a observarse bajo la estrategia neoliberal, sobre todo
durante el gobierno de Carlos Salinas: entre 1989 y noviembre de 1994, la inflación acumu-
lada de México fue de 155.7% contra 26.4% en Estados Unidos, mientras que la depreciación
acumulada del peso ascendió apenas 50.2%, provocando una fuerte sobrevaluación del peso. “El
resultado fue, otra vez, la ampliación de la brecha de divisas en la cuenta corriente de la balan-
za de pagos: de un superávit comercial de 0.2% del PIB en 1988 se pasó a un déficit comercial
de 5.8% del PIB en 1994, al tiempo que el déficit de cuenta corriente saltó de 1.4% del PIB en 1988
al 7% del PIB en 1994. Como contraparte se produjo un crecimiento vertical de los pasivos exter
nos […] conduciendo al país al peor desastre financiero de su historia y a la traumática macrode
valuación decembrina de 1994” (José Luis Calva, México más allá del neoliberalismo. Opciones
dentro del cambio global, México, Plaza y Janés, 2000). Ahora bien, mientras la crisis financiera que
estalló en 1982 constituyó la reiterada justificación de la tecnocracia neoliberal para condenar y
destruir radicalmente en sus fundamentos económicos y sociales, la estrategia de desarrollo eco
nómico liderado por el Estado, la crisis financiera que estalló en diciembre de 1994 no cuestiona
ba, desde la óptica gubernamental, el imaginario éxito de la estrategia neoliberal. “Los procesos
de modernización política y económica —afirmó el presidente Zedillo en Bariloche— han tenido,
tienen y seguirán teniendo severos momentos de prueba”. “En 1995, México vivió uno de esos momen-
tos de prueba, pero la lección, al realizar el balance, es que estos procesos han sido extraordinaria-
mente positivos para nuestros países” (La Jornada, 16/X/95). Se aplicó así, al enjuiciamiento de las
estrategias económicas experimentadas en México, el apotegma torcido atribuido a Benito Juárez:
“para todos, justicia: para los amigos, justicia y gracia”.