LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 103
ORÍGENES DEL NEOLIBERALISMO
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produce hambre, y es difícil sostener que sea eficiente en términos huma
nos un orden en que hay gente que se muere de hambre, cuando sobra co
mida. Sabemos que Hayek diría que cualquier otro orden produciría más
pobreza, más hambre. Pero ésa es sólo una hipótesis contrafáctica.
Paradójicamente, el argumento moral, que es más endeble conceptual
mente, resiste algo mejor: el orden espontáneo es preferible porque no nece
sita de la coerción, aunque genere algunos resultados indeseables. Lo malo
es que para llegar a eso Hayek necesita ajustar la definición de tal manera que
sólo pueda hablarse de coacción cuando una conducta es forzada a punta
de pistola. Todo lo demás, hasta el morirse de hambre, son decisiones libres.
El segundo problema es mucho más interesante. Los órdenes espontá
neos, el del mercado en particular, que es el que interesa a Hayek, han sido
producidos muy obviamente mediante intervenciones concretas de la au
toridad política. El proyecto neoliberal entero se basa en esa idea. El mer
cado no es ni natural ni espontáneo, ni siquiera muy viejo. Necesita, para
funcionar tal como lo conocemos, la prohibición de la esclavitud para em
pezar. Y eso es de hace unas cuantas décadas, apenas algo más de un siglo.
Necesita muchas otras leyes, instituciones, autoridades. O sea, que el orden
espontáneo del mercado ha sido creado también, aunque su evolución sea
azarosa, aunque no implique una disciplina mecánica ni instrucciones con
cretas.
Pero lo inverso también es cierto, y abre una perspectiva más sugerente
todavía. Los órdenes artificiales también evolucionan de manera espontá
nea, permiten ajustes impensados, aleatorios. Ninguna organización, por
estrecha que sea, funciona siempre y en todo mediante órdenes explícitas.
Siempre hay márgenes para enfrentar las contingencias, para asimilar he
chos nuevos y para acomodar a los individuos concretos, con sus intereses
y sus costumbres, y hasta sus manías. Incluso en el despliegue de un ejérci
to, que es el modelo más riguroso de orden artificial (de eso están hechas to-
das las novelas de guerra de Céline a Joseph Heller o Vassili Grossman).
Supongo que es claro y no necesita mayor explicación: una escuela o una
empresa, como cualquier organización, tienen su reglamento, tienen una je
rarquía, un horario, pero en la práctica generan toda clase de reglas infor
males, hábitos, rutinas que nadie pensó ni impuso conscientemente. Está
en la experiencia de cualquiera. Bien, me interesa subrayar un punto: el
Estado, en su funcionamiento, en su configuración concreta, es producto de
una evolución espontánea tanto como el mercado. Desde luego, un Estado
se imagina sobre el papel cuando se redacta una constitución y se escriben
leyes y reglamentos, y se establece una jerarquía administrativa; pero la
forma concreta de Estado es el producto de un proceso histórico lleno de
accidentes, inercias, valores entendidos, conflictos, decisiones individuales.