LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 102
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FERNANDO ESCALANTE GONZALBO
pre sencillos, concretos, y obedecen a un propósito determinado. Así, por
ejemplo, una fábrica o una escuela, un ejército. Los órdenes espontáneos, en
cambio, son productos impensados de la interacción, no tienen ningún dise
ño, no han sido pensados de antemano, no obedecen a propósito alguno,
sencillamente resultan de la coordinación espontánea de los individuos, tal
como sucede en el mercado.
No dice Hayek que los órdenes espontáneos sean naturales. Pero sí dice
que no son artificiales, en el sentido de que no han sido creados por nadie,
es decir, no corresponden a ninguna voluntad concreta. No han sido pen
sados. Para explicarlos, pone como ejemplo la formación de cristales o de
compuestos orgánicos, menciona experimentos con imanes y limaduras
de hierro, pero también dice que en sus formas más elaboradas dichas órde
nes obedecen a la lógica de la supervivencia en el proceso evolutivo. Las
normas de las sociedades complejas, dice, las normas que establecen una
coordinación inconsciente, “se impusieron porque permitieron prevalecer
sobre los demás a los grupos humanos que decidieron adoptarlas, e hicie
ron posible la supervivencia de un número mayor de individuos”.
La superioridad de los órdenes espontáneos, el mercado por ejemplo, se
explica por la biología. Es un hecho natural. En cualquier caso, es la única
manera de producir sistemas complejos, porque es la única manera de pro
cesar la cantidad de información necesaria para ello. No se puede imaginar
un argumento más rotundo. La naturaleza impone el orden del mercado,
porque es objetivamente superior. El problema es que no suceda así en la
práctica, que el mercado no se establezca de manera directa, definitiva, y
que haya que razonar y explicar, y trabajar deliberadamente para imponerlo.
Por si acaso, el argumento sobre la eficacia suele complementarse con
un argumento moral. Las organizaciones, es decir, los órdenes artificiales
dependen siempre de la coerción, porque tienen que obligar a la gente a ha
cer determinadas cosas, a comportarse de un modo u otro, a obedecer. Mien
tras que los órdenes espontáneos reposan sobre normas de carácter general
que permiten decisiones libres.
Vale la pena detenerse un poco en un par de problemas que se derivan del
argumento, porque indican algunos de los temas básicos de discusión entre
los neoliberales.
El primero: si no hay un propósito, ninguna finalidad deliberada, cons
ciente, susceptible de ser razonada, entonces no está claro qué significa que
un orden sea “eficiente”. Porque la eficiencia es un término relativo. El mer
cado coordina conductas, se reproduce como orden, asigna recursos de una
manera u otra, pero nada dice que eso sea necesariamente bueno o desea
ble. Y de hecho, ese orden, aunque sea eficaz en esos términos, aunque
pueda ser casi natural, o natural, produce desempleados, produce pobres,