LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 302
La cuartilla de encima fue escrita teniendo a la vista el Cabo
del Norte islandés, en el círculo polar nórdico; las otras, en su
mayor parte, en el corazón de Europa: en mi patria alemana.
Algunas pude llevarlas conmigo desde la zona de influencia
de dos volcanes hasta mi casa: desde el Vesubio y desde el
Etna, que en la Edad Media se llamó Bel.
Junto con las cuartillas del "Diario de mi vida" de mi
izquierda, guardaré la piedra que las carga. Interpreté hace
mucho tiempo esta piedra de las ruinas de la fortaleza
pirenaica y Castillo del Grial, Montségur. Después quedará
vacía la tercera parte de la izquierda del escritorio, a la espera de
su nueva realización. Las cuartillas, para las que dejará lugar
esta tercera parte, serán protegidas contra el desorden por otra
piedra: un ámbar amarillo dorado.
Hace un rato se descargó una fuerte tormenta. Los truenos
no querían cesar. Desde el cielo, en el que el sol todavía
permanece invisible detrás de las negras nubes que pasan
corriendo, cruzan nerviosamente el espacio rayo tras rayo
cayendo a tierra, a la que impactan con estruendos. ¡Cuánto
debe de haber padecido la Gran Madre! Quizás en este mismo
momento un campesino esté ante sus pocos bienes, que,
llameando luminosamente, serán consumidos por el fuego. En el
corazón del campesino se fragua un forjador: el dolor. El
corazón humano debe ser un yunque. Al corazón dolorido le
duele Cuándo no es lo suficientemente duro.
Un zumbido penetra en mi oído: sobre la repisa se arrastra
una abeja cuyas alas quedaron tullidas por el agua de la
tormenta. Sólo Cuándo el sol vuelva a salir, la humedad
evaporable de las alas, que el Maestro divino tan
portentosamente ha creado, ascenderá al cielo. Durante la
noche, la humedad se atesorará en forma de rocío caído dentro
de un cáliz florido y centelleará cual piedra preciosa. La abejita