LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 296
participan todos los elementos, seres naturales y dioses. El
hombre no sólo recibe, sino que da. En su hacer del culto
radica buena parte de la salud y el orden del mundo; hasta los
mismos dioses dirigen la mirada sobre estos hombres que en
el actuar desinteresado se van transformando en alegoría de
las fuerzas creadoras. También el sol sacrifica Cuándo hunde
sus rayos en la tierra. El vapor de agua que remonta hacia lo
alto, la vida de las plantas, sus colores, aromas y frutos son
una polifónica respuesta de sacrificio de la tierra a la acción de
sacrificio del cielo.
"El sacrificio original no tiene ningún fin fuera de sí mismo.
No debe originar nada, pedir nada ni causar encantamiento.
Lleva su realidad en sí. El hombre manifiesta por su intermedio
su incorporación a la gran comunidad universal de todas las
fuerzas y seres. El que en la naturaleza los seres vivos se comen
unos a otros es sólo una expresión parcial del dar y el recibir, que
señala que nada está egoístamente terminado, sino que todo da y
recibe.
"La profunda unión de los germanos antiguos con las fuerzas
de la naturaleza condiciona la múltiple manera en que éstas se
sacrifican y, debido a esto, se mantiene con ellas la comunidad de
vida. Se ofrecen sacrificios a los espíritus de la fuente y del árbol
encendiéndoles luces, por medio de himnos y de proverbios (o
poesías de una sola estrofa), por medio del sacrificio de animales
y de plantas. Se venera la fuerza vital en los árboles, Cuándo se les
cuelgan de sus ramas flores, cintas y frutos o se les rodea cantando y
danzando. En las más lejanas épocas se construía la vivienda
rodeando el tronco de un árbol vivo y se crecía así compenetrado
en el dar y recibir con estas fuerzas.
"Esta naturaleza común entretejida de dioses fusionará a
los hombres en comunidad. Según Tácito, los germanos se
oponían a limitar a los dioses en espacios cerrados o a venerarlos