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que, por encima de toda arbitrariedad, en rigurosa organización
de imágenes y de palabras vive sus cosmologías e himnos como
en la propia naturaleza: en las plantas y los animales, en las
estaciones del año y las órbitas planetarias. Él dice la verdad,
Cuándo concibe sus fuerzas espirituales como actividades de un
mundo de dioses. Una humanidad así todavía está abierta al
cosmos; de alguna manera, sin piel ni límite.
"Los orígenes de la religión no hay que buscarlos en los
hombres, sino en lo divino. Es Dios quien primero ilumina,
obra y habla al interior del hombre visionario abierto, antes que
éste logre expresarse a sí mismo, pensarse a sí mismo y hacerse a
sí mismo en el yo soy. La religión primigenia es una unión de lo
divino con lo humano y, en cierta medida, la génesis evolutiva
del hombre en su organización corporal-anímica a partir de lo
divino.
"El hombre mítico es alimentado y formado por el cosmos
como un embrión en la matriz. La manifestación de la divinidad,
de la que toda religión toma su origen, no sólo no es ninguna
locura, sino que es, de todas las realidades, la más real. Ella crea
de las hordas la comunidad, y de la comunidad crea al pueblo.
"La nacionalidad original no vive en un insensible recinto de
objetos, sino en un mundo repleto hasta los bordes con lo
significativo, con lo expresivo, con lo sacrosanto. La vida
humana gana significación consagratoria, sacerdotal. Cada
revelación de lo divino abre también el ánimo humano, y su
consecuencia directa es el hacer creativo. El hombre debe
confesar lo monstruoso que lo ha conmocionado. Lo más loable
de este gran lenguaje es el culto; su lengua se ha convertido en la
más ajena de todas para nosotros. Mientras reduzcamos los cul-
tos a codiciosas consideraciones utilitaristas de los hombres frente a
los dioses, sólo habremos mal interpretado la más venerable
revelación de la antigüedad, desde nuestra propia conducta
egoísta.