entre sí, fueron los que determinaron la historia antigua, sino aquellos que en los grandes templos fueron revelando los poderes divinos y desde allí los irradiaron a las regiones pobladas del país. Las tribus germánicas se remitieron en los momentos clave a sus lugares de culto: a Irminsul en el bosque Teutoburger o a la pitonisa Veleda en las fuentes del Lippe. Creían que el espíritu nacional se revela sin intermediarios y señala el destino.
" De aquí proviene que, para someter a un pueblo, lo primero es destruir completamente sus lugares sagrados. Bien se sabía que de ese modo se hace blanco justamente en el corazón palpitante. Si algunos grupos de parientes y familias aislados sobrevivían en casas de campo más allá del país, entonces eran despojados de sus lugares sagrados y con esto quedaban privados de la relación de sus dioses, convirtiéndose entonces en una mera suma de hombres desorientados y desarraigados, en un pueblo sin capacidad de combate. De ahí que ya los romanos se empeñaron en persuadir, por medio de donativos y de amenazas, a la pitonisa Veleda, para influir sobre los príncipes de las tribus germánicas. Y el rey Karl, igual que Varus y Germanicus, siempre dirigió sus expediciones militares a la zona de los bosques de Teutoburger, porque en ese lugar, línea de demarcación de varias grandes tribus, palpitó el corazón del culto de la Germania.
" Sólo se entiende el tiempo mítico Cuándo se tiene claro que aquí el individuo aislado no ha aparecido aún. En la convicción no viven pensamientos individuales y voluntades individuales, sino el cumplimiento de órdenes nacionales. Su naturaleza no sólo está colmada de dioses, sino también de las almas de los muertos. Rodeados por los espíritus de ancestros, que se esfuerzan por revivir en sus nietos, marchan los germanos al combate. Cada uno, acompañado por los númenes y por las valquirias, se sabe, ya con cuerpo vivo, ser inmortal, miembro de una columna sobrenatural conducida por los dioses, que anda rugiendo en los sucesos de la atmósfera. Todavía posee la facultad de ver a los