LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 287
silenciosos, sobre el cielo, los colores de la aurora boreal. Es
probable que aquí, durante el invierno, las estrellas luzcan más
luminosas que por allá entre nosotros. Estamos en verano y,
permanentemente, es de día.
REYKHOLT
La casa donde pasamos la noche clara es un nada bonito cajón
de hormigón, que durante el invierno hace las veces de escuela.
Son las diez horas de la más clara de las noches de solsticio de
verano.
Estoy en mi habitación y escribo. En la planta baja hay una
gran piscina alimentada por agua de manantial caliente, en la
que retozan mis camaradas. Hasta yo, agotado por el largo y
pesado viaje, abandoné el agua reconfortante a regañadientes.
Mi traje de baño, que dejé colgado a secar sobre la
calefacción, ahora huele levemente a azufre.
El sol está alto en el noreste, el cielo refulge con los más
vivos colores y una neblina muy ligera y apenas perceptible
atravisesa el ancho valle atravesado por el Rekjadalsa. A lo lejos
ascienden nubes de vapor de los manantiales calientes. Desnudos
están los picos del Skaneyjarbunga y del Steindorsstadaöxl;
desnudo también está el Reykholtsdalur. En ninguna parte hay
un árbol. El mezquino verde de diminutas praderillas le da a la
tierra un aspecto aún más muerto; que lo está de todos modos.
No creo que pudiera pasar aquí mi vida por propia
decisión. Tendrían que forzarme a ello, y añoraría con todas las
fibras de mi corazón los bosques y praderas de mi patria.
Justamente aquí, en Reykholt, hace exactamente setecientos