LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 285
También Mansi viajará este año a Alemania, por algunos
meses. Nos hemos citado en la rosaleda tirolesa para una
escalada, y ya son cuatro las veces que ha escalado y pintado en
este monte majestuoso. Esos cuatro cuadros no los vende por
nada. Me los ha mostrado. ¡Cuánto ha de amar la rosaleda!
"Ha llegado el momento de irme de Reykjavik", dijo Mansi.
Bien puede entender mi frustración y añoranza por la patria, de
las que Islandia no es culpable, sino yo mismo -y Reykjavik, ya
que ésta no es toda Islandia-. Yo tendría que haber buscado en
su isla patria diversidad de asuntos -y encontrarlos-, y al hacerlo
no debería olvidarme de mirar el cielo islandés.
LAUGARVATN
Domingo. A través de las delgadas paredes del hotel llega música
de jazz, descansaremos aquí durante algunas horas. Los jóvenes de
Reykjavik han llegado en automóviles, por las incomparablemente
malas carreteras, para bailar. Las mujeres están maquilladas y vesti-
das al dernier crí de la moda de hace muchos años; los hombres
jóvenes y adultos visten bien, deportivos. Todo es música de baile
muy trillada. Acaban de tocar un foxtrot que por muchos meses, en
Berlín, todas las mañanas de los miércoles me mortificó. Un músico
de patios la cantilineaba en su organillo.
Por la ventanilla miro las leves olas del Laugarvatn, un lago ca-
liente. Un ligero vapor se va enroscando hacia lo alto. Al sureste,
en lontananza, resplandece el lomo niveo del más afamado
volcán islandés, el Hekla.
Fue en el año 1300 Cuándo el Hekla se abrió y escupió "fuego
terrenal".
Oscureció tanto que nadie podía decir si era día o noche. "Al mis-