LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 283
mientras, por otra parte, veo que aquí, en la capital de la tierra
de los vikingos y de los escaldos, domina el cliché más
ostentoso de lo peor de Europa; entonces, más que nunca, debo
mirar aún más al norte o al sur.
Un viajero a Palestina, de fe cristiana y muy devoto, una vez
me contó que las impresiones más desagradables de su
peregrinación las había experimentado en la Iglesia del Santo
Sepulcro de Jerusalén: trapicheos y reyertas son allí costumbre
y son contados los días en que no se profane el lugar más
sagrado de la cristiandad con asesinatos. Este viaje a Islandia
debiera ser entonces mi peregrinación. A través de mí, la
palabra expresa la decepción y no puedo callar. No es que las
experiencias que he recogido sean fastidiosas o repugnantes. Si
lo he afirmado, he exagerado o he dicho algo no completamente
cierto. No: aquí, nada tengo que buscar. ¡Así es!
Lo que Reykjavik me puede ofrecer, una Marsella, aunque
me haya abstenido, también me lo hubiera podido ofrecer...
Hoy hay viaje a Thingvellir, convertido en el más
universalmente famoso lugar de asamblea general. Mucho se
ha escrito sobre él. Ningún santo chubasco me lo ha impedido.
Me dejé conducir y pensé en Alemania, y no sólo porque en
las paredes de basalto del Thingvellir encontré escrito en
alemán con pinturas rojas y en mayúscula un "Muera" para el
nefasto dirigente comunista alemán. En el albergue Walhall
tomamos café y comimos pan dulce, después regresamos en
automóxil a Reykjavik. Ningún árbol, ningún arbusto, ni
siquiera un matorral nos ofreció lo que es la riqueza de la tierra.
Y lo que desde Reykjavik tomé por una cadena de montes
resultó ser un desconsolador amontonamiento de conos de
ceniza volcánica. De seres vivientes, lo que vimos durante el
viaje fue una amazona sobre un pony, tres ovejas madres con