LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | 页面 267

tenía que prestar juramento decía: "Or I am else a jew, an ebrew jew", si no me haré judio, un auténtico archijudio. La vida no comparó al gordo Falstaff con un valle de lamentos o, lo que tampoco tendría sentido, con un prostíbulo: más bien con una lanzadera, tal como lo hicieron aquellos cátaros que también eran llamados tejedores y que desde entonces hasta ahora salvaron en la Edad Media el conocimiento sobre la santidad de tejer y de la lanzadera. ¿Quién no pensaría, si de los libros de caballería de lord Oldcasde se trata, en el caballero español Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los jesuitas, que comenzó siendo seguidor de Amadís de Gaula y terminó siendo un seguidor de Jesús? Así es: lord Oldcasde comprendió el espíritu vital de los libros de caballería; Loyola, sólo las letras muertas. ¿Quién no pensaría también en aquel loco llamado don Quijote? Los tochos que leía día y noche acabaron haciéndole perder la razón. A su rocín lo elevó al nivel de un Pegaso o al del fiel corcel Bucéfalo de Alejandro. A pesar de todo, don Quijote resultó más sabio que loco... E N EL ESTRECHO DE P ENTLAND Dejamos atrás el Mar del Norte y nos adentramos en el Atlántico norte. Los acantilados de la costa escocesa y las altas colinas de las islas Orcadas, en las que aún vemos el oleaje, cual blancas cintas de espuma marina, elevarse hacia lo alto y empequeñecerse, desaparecen más en cada momento. El mar sube y baja en largas y altas olas, éstas levantan y bajan nuestro barco. Una lancha pesquera de velas parduscas está pegada al horizonte, los primeros golpes del mar irrumpen en cubierta. Ha caído la noche y sin embargo hay claridad, como en Alemania en un día de invierno cubierto de nubes. Navegamos contra el sol de medianoche. He permanecido observando mucho tiempo,