LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 268
apoyado sobre los carretes. Ahora leo un libro y escribo notas.
En España, exactamente como leo en el Quijote, de Cervantes,
había una vez un cura, un barbero, un ama de llaves y la sobrina
de un hombre que por leer libros de caballería se había vuelto loco
de remate y desde entonces estaba obstinado en buscar aventuras,
tal como debe de haber hecho la caballería andante. Estos cuatro,
dos hombres y dos mujeres, registraron la biblioteca del loco dueño
de casa que poco antes, apaleado y herido, había regresado de su
primera "aventura" y que ahora estaba profundamente dormido en
su alcoba.
Ellos querían corroborar la ortodoxia de sus libros
de caballería. Antes de empezar su trabajo, el ama de llaves trajo
una bacía con agua bendita y una mata de hisopo que debía
servir como asperges y le dijo la cura: "Tome vuestra merced,
señor licenciado, rocíe este aposento, no esté aquí algún
encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos
encanten, en pena de la que les queremos dar echándolos del
mundo". La simplicidad del ama hizo reír al cura. Le pidió al
barbero que le fuera pasando un libro tras otro para ver qué
contenían, ya que algunos de ellos podían librarse del castigo
de la hoguera. "No -dijo la sobrina-, no hay para qué
perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: será
mejor arrojallos por las ventanas al patio, y hacer un rimero
dellos y pegarles fuego, y, si no, llevarlos al corral, y allí se
hará la hoguera, y no ofenderá el humo." Lo mismo dijo el ama:
tanto era el deseo que ambas tenían de la muerte de aquellos
inocentes; mas el cura no se avino a ello sin primero leer
siquiera los títulos. Y el primero que le dio el barbero en las
manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula (la misma novela de
caballería que le había "quemado el cerebro" al paje Ignacio de
Loyola). Entonces dijo el sacerdote: "Parece cosa de misterio
ésta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de
caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han
tomado principio y origen déste; y así, me parece que, como a
dogmatízador de una secta tan mala, le debemos, sin excusa
alguna, condenar a la hoguera".