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contemporáneos y correligionarios protestantes le
reprocharon haber convertido al mártir de la fe, lord
Oldcastle, en su lord Falstaff, aquel barrigón, tramposo y
mujeriego. Shakespeare se defendió en el epílogo de la
segunda parte de su drama Enrique IV: "Oldcastle died a
martyr and this is not the man". Oldcastle murió como
mártir y Falstaff no es este hombre. Sin embargo, el
Falstaff de Shakespeare era aquel Oldcastle, pero
ridiculizado.
Para el episodio de Falstaff del drama Enrique IV
Shakespeare había desarrollado como modelo, según hoy
resulta indudable, el drama escrito en el espíritu de la
tradición monacal más malévola y más exenta de sinceridad:
The Famous Victories of Henry the Fifth (Las famosas
victorias de Enrique V). Así se constata: también en
Shakespeare el caballero gordo se llamó originalmente, tal
como se puede deducir del epílogo y como queda
demostrado por otras razones, sir John Oldcastle.
Los puritanos se escandalizaron de que el hombre
venerado por ellos fuera transformado en una figura
ridicula. Ya que, en la segunda parte del famoso drama
Enrique V. es introducido sir John Oldcastle como antiguo
paje de Thomas Mowbray, un duque de Norfolk (lo que
históricamente sir John Oldcastle fue en realidad, se puede
pensar que puso las miras en una caricaturización de
Oldcastle. Ésta es la causa por la que Shakespeare modificó
el nombre en Falstaff. Y sabemos cómo murió lord
Oldcastle, este lolardo y caballero. Ante su espantoso final,
luciendo una sonrisa en su boca, afirmó que iría en un
carro al cielo y al tercer día resucitaría. Estas últimas
palabras de Oldcastle fueron registradas por un monje
llamado Thomas Elmham. Creo con firmeza que