LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 259
"Los pueblos débiles de voluntad han establecido un ídolo que,
aunque algo apagado y por esto enigmático, es realmente
bastante cómodo: el ídolo del destino. Alguna vez el destino
jugó un importante papel en el mundo de las ideas de la zona
norte; el destino como ley pendía sobre el ser, pero es claro que no
quedaba fuera de la legalidad. En el destino estaban incluidos el
transcurso de la vida individual, de la familia y del pueblo. Creer
en el destino significaba creer en la validez, el valor y el sentido
de la vida. Quien era creyente no sentía ningún temor por su
muerte. Su acción estaba basada sobre la validez de la ley, que no
sólo sobrevive a la vida individual, sino que -precisamente
mediante la acción- se agrega como eslabón a la gran cadena que
desde lo temporal llega hasta la eternidad del pueblo. Quien creía
en el destino, sabía de la responsabilidad de su propia vida, por
esto sabía que una cadena siempre es tan fuerte como el más
débil de sus eslabones. En consecuencia, el destino no era un
poder secreto amenazador, sino la causa primigenia de la
legalidad velada al ojo.
Quien creyendo en el destino ponía los pies en el camino de la
vida consciente, no se cansaba de combatir en la batalla
sempiterna por la existencia. El saber sobre la validez de la ley
dejó al creyente a salvo de la inseguridad y la desesperanza y le
otorgó la dignidad, esa actitud incomparable y admirable del
paganismo, que parece tan alejada del ser, tan merecedora de
todo esfuerzo y tan inalcanzable por medio de las religiones
redentoras, que se alejaron de la ley. La creencia en la validez y
en el carácter vinculante de este destino implica que los hombres,
pese a todos los desengaños y aparentes absurdos cotidianos, dicen
un entusiasta sí a la vida y alaban plenos de fe la luz creadora de la
vida del sol, pese a la noche, la niebla, el hielo y la nieve. Tener fe
en el destino significa, una vez más, vivir el heroico 'aun así'. Esta
actitud la reconocemos hoy en las sagas y baladas, hasta tanto
podamos mirar, a través de la confusa mezcolanza de
posteriores falsificaciones y superposiciones, en la esencia de los
poemas."