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Heinrich Minneke fue quemado vivo; por maniqueo y por
luciferino. Había querido ser filósofo, amigo de la verdad, pero
perteneció, si estamos bien informados, a aquellos herejes en
quienes ya actuaba con su influencia debilitadora la doctrina de
la redención cristiana, aunque con vestidura no romana: Lucifer
fue para él un ángel "caído" que un día -el Día del Juicio-, por el
perdón de Dios, sería "rescatado".
Jugar con palabras es un juego dudoso; incluso así no puedo
menos que ver un sentido profundo en que en la época de la trova de
Minnesang, que también nos llegó gracias al llamado Manuscrito
de Manes, se haya quemado a Heinrich Minneke como
maniqueo...
En una obra de historia suralemana, la Crónica de
Hermann von Reichenau, se encuentra hacia el año 1052 la
siguiente observación: "El emperador (Enrique III) pasaba las
navidades en Goslar e hizo que ciertos herejes, que además de
otras malas doctrinas heréticas de las sectas maniqueas
aborrecían de todo placer carnal, con la aquiescencia de todos
fueran ahorcados para que, de este modo, no continuara
extendiéndose subrepticiamente la lepra herética y contaminara
más hombres". Incluso a la vista de la horca, leo en otra parte,
los herejes de Goslar se negarían a matar una gallina; en el
siglo XIII, esta negativa fue considerada como un argumento
seguro para condenar herejes.
Si los herejes se negaran a matar un gallo, me sería
comprensible, ya que era sagrado, como el gallo de Apolión,
como el Apocalipsis según San Juan llama al Apolo y a los
anticristianos -un animal que también para el Tiubel alemán,
Cuándo cerca del mediodía prorrumpía en el bosque entre el
bramar del viento y el crujir de los árboles, era un bienvenido
regalo de exorcismo-. Que los herejes de Goslar fueran
vegetarianos debe de ser cierto, y me preocupa tan poco como que
yo soy vegetariano de hoy por propia voluntad y miro con ojos
bizcos que pudiera ser todavía quemado o ahorcado.