LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 248

Hildesheim? El obispo de Hildesheim era en aquel momento Konrad von Reisenberg; Reisenberg es una ciudad en la que se enseña un rosal milenario. Aún en vida de su predecesor le fue otorgado el obispado por deseo del papa Honorio III; y no sin fundamento. De Francia-donde había hecho un buen papel como predicador de la cruzada contra los albigenses- había traído consigo a Alemania una rica experiencia. Roma necesitaba un tipo de hombre como éste para la región del Harz.
Desde hacía mucho tiempo también aquí se hereticaba. Desde hacía ya ciento setenta años, desde 1052, los habitantes de Goslar preferían dejarse colgar a dejarse convencer de matar una gallina. Según dicen, estaban contagiados de maniqueísmo, aquella doctrina herética tan odiada por Roma: a los maniqueos les estaba prohibido matar animales para no interferir en la ley de la metempsicosis. Al obispo Konrad von Reisenberg, nacido en el alto Hesse, le fue encomendado resolver el caso Minneke, por lo que, junto con algunos prelados, se trasladó a Goslar. Después de que las monjas de la Nueva Obra fueron interrogadas por él, incriminaron en contra de su voluntad al inculpado y el obispo le ordenó enseñar sólo ortodoxia en el futuro. Claro que Heinrich Minneke no dejó de alabar la sabiduría divina y de predicar sin odio contra Lucifer. El obispo de Hildesheimer se había puesto en exceso variopinto; convocó al prepósito ante su tribunal, lo separó de su cargo y le ordenó regresar a su convento madre( Minneke era miembro de la orden de los premonstratenses). Ordenó a las monjas buscar otro prepósito, esta vez uno perfecto; pero ni Minneke ni las monjas obedecieron el mandato episcopal.
Entonces, enfadado, el hildesheimeriense se dirigió al papa; mas también se quejaron ante el Santo Padre las cistercienses, que no deseaban perder a su prepósito. Parecían estar del todo seguras de la decisión papal, pues, de lo contrario, no hubiesen escrito una carta al emperador Federico II para hacerle saber que el convento Nueva Obra, bajo la dirección de Minneke, florecía como un lirio, y que el obispo de Hildesheimer era un envidioso