LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 244
abismo, cielo y tierra, y nunca se llenará. Por último, de ti se dice,
gran macedonio, en el devocionario medieval y ortodoxo El
consuelo de las almas: "Por lo tanto a él le fue tal como vivió,
ejerciendo violencia sobre todo lo viviente; ahora el diablo se ha
adueñado de él. Un breve instante gozó de la vida; ahora le irá mal
toda una eternidad. Aquí fue rico por un corto tiempo, ahora será
pobre para siempre. Aquí no pudo satisfacerlo nadie con buenas
acciones; ahora deberá ser satisfecho con el fuego del infierno.
Aquí recibió grandes honores profanos: ahora tiene una gran
vergüenza. Aquí no quiso cumplir el mandamiento de nuestro
Señor; ahora tiene que serle obediente al diablo en el infierno".
Pero lo sabemos, Alejandro: Lucifer, a quien no se le hizo justicia, te
ha saludado -¡y besado!-.
En los tiempos en que Pytheas abandonó Massilia para
viajar al país del ámbar y a la isla de Thule, Alejandro estaba
meditabundo en Gordión, la ciudad del Asia Menor, ante un
sagrado carro de Zeus. Quiero creer que sería en el mismo
año 334 antes del nacimiento de Jesús Nazareno.
Alejandro estaba ante un carro de Zeus, cuyo yugo y barra de
tracción estaban unidos por un artístico nudo. Él quiso desatarlo para
que se cumpliera el oráculo delfico profetizado por una pitonisa: él
quería llegar a ser rey de Asia. Y Apolo le dictó sabiduría, porque
su voluntad era firme. Alejandro cogió con ambas manos el símbolo
del poder real, su espada, y, con resolución, de un solo golpe, cortó
el nudo en dos.
En tiempos pasados, el rey frigio Midas había atado el nudo.
Era un maldecido por Apolo, todo lo que tocaba se convertía en
oro y, en lugar de tener oídos humanos, tenía orejas de burro. Es
que en lugar de regalar el canto de Apolo había regalado el oído
de Pan. ¿Acaso conocía Alejandro el enigma de Midas? Nos lo
figuramos al ver en Roma, en las catacumbas cristianas de los
primeros tiempos, imágenes de Jesús el Nazareno con una