LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Página 243
Amaba a los caballos, porque creyó que en ellos obraba la
santidad. Debes de haber preguntado "por qué me engendró";
de no ser así, no hubieses sido consciente de tu deber como rey de
los macedonios e hijo de tu padre, cuyo objetivo fue amar el área
aria. Tu madre se llamó Olimpia. Tú te has respondido la
pregunta "por qué me dio a luz". Quisiste llegar a ser olímpico y
lo lograste porque eres inmortal.
En una campaña militar de tu padre aconteció,
supuestamente, que un águila voló a su tienda, se posó sobre su
hombro y puso un huevo. El huevo cayó al suelo, se rompió y de
él salió arrastrándose una serpiente. En ese momento
aparecieron mensajeros de Olimpia con la noticia de tu
nacimiento. Lo has tenido con la tía serpiente.
Tú moriste joven, Alejandro, moriste, como sabemos, con
una sonrisa en los labios. Tu cadáver fue colocado en un
magnífico ataúd, pero tu mano se dejó -cumpliendo tu última
voluntad- colgando hacia fuera. Señalaba la tierra y estaba
llena de ella. Sabíamos lo que deseabas; querías preguntarle al
creador ¿por qué me hiciste de tierra?
Finalmente, tu cadáver se inhumaría en aquella ciudad que
fundaste en el delta del Nilo, cerca de la homérica Faros y que
todavía hoy lleva tu nombre: Alejandría. Allá se mostró a los
que quisieron verlo. Desapareció Cuándo unos cristianos
fanáticos destruyeron todos los templos de tu Alejandría y en
una iglesia torturaron a la filósofa Hipada hasta matarla.
Tú caíste del cielo, Alejandro, pero entraste en el reino luminoso
del portador de la luz, Lucifer. Tus iguales llamaron a este reino
Olimpo. Nosotros lo llamamos Asgard, Walhala, Rosaleda y
Monsalvat. Los judíos lo maldijeron como Gehena, y los cristianos
se aterrorizaron ante él como infierno, ése que tú, según el cura
Lamprecht, ya en vida llevabas dentro de ti: la fiera humana
enfurecida era idéntica al infierno, que abrió el espacio vacío del