El monje de Heisterbach pertenece a la corte de Lucifer.
Un gusano sólo puede ser concebido por quien se puede sentir insecto en la diminuta, terrea y esforzada existencia de un gusano, por quien, al igual que el bajo gusano, plantee el problema: Creador, ¿ por qué me has creado? Un águila, como Wieland el forjador, sólo puede ser concebida por quien quiera colocarse alas para viajar allende las altas nubes, por quien por sí mismo puede ser águila real para admirar el enmarañado semblante del mundo, como tan bellamente se dice, a vista de pájaro-y comprenderlo-. Unos trepan por las rocas escarpadas, otros han encontrado el avión, después de larga reflexión y adaptación a las leyes de la naturaleza, y ahora vuelan. Y otros vuelven a desplegar las alas de su añoranza para ver cómo el cielo, plácidamente, besa a la tierra...
Monje de Heisterbach, tú eras alemán, porque los verdaderos alemanes preguntan, dudan y cuestionan hasta que encuentran a Dios. Todos los verdaderos alemanes hallan a Dios. Tú también lo hallaste. Sí, al Dios verdadero y eterno. Tú también fuiste hereje, bienaventurado monje de Heisterbach. Lo fuiste porque, al igual que Tannhäuser, te adentraste en el bosque. Y allí reina Tiubel. Has vivido trescientas veces el encantador mediodía de Tiubel, trescientos sesenta y cinco días, sin contar los bisiestos: ciento nueve mil quinientas veces, sin contar los días bisiestos, te ha hablado Lucifer. Y, puesto que no trazaste en torno a ti un círculo encantado, como hizo el caballero Falkenstein, te llevó el diablo; pero te condujo ante el trono del Todopoderoso, no al infierno, el más profundo de los fosos.
Tú, el más digno de ser amado, monje de Heisterbach, también te has dejado encantar, como Dietrich von Bern, por una montaña de fuego. De ti se cuenta que se te apareció " un