LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | страница 236

convento y ahora estaba en el bosque. Alegres lo saludaban los pájaros, saliendo de verdes enramadas, y con grandes ojos lo saluda- ban las flores, saliendo del túrgido musgo. Pero él, el pensador caviloso, nada escuchó ni vio, más que las palabras del manuscrito. "Ante el Señor, mil años son como un día." Desfalleciente estaba su pie errante; su cerebro, fatigado. Se sentó sobre una piedra y apoyó la torturada cabeza en un árbol; un sueño reconciliador arrebató su espíritu. En esferas bañadas de luz, allende las estrellas, volvió a encontrarse; junto al trono del Altísimo, rodea- do por el susurrar del agua de la eternidad. Todos los productos de la creación comparecieron y alabaron su obra: desde el gusanillo en el polvo, del que nunca un ser mortal entendería el motivo para crearlo, hasta el águila en los aires, a la que se le dieron alas para que pueda mirar hacia abajo desde las alturas de la tierra; desde el grano de arena en el mar, hasta el cono de montaña gigantesco escupiendo fuego por orden del Señor. Todos ellos hablaban un solo idioma, el idioma de Aquel que un día los creó. Y con leve estremecimiento, el monje fue abriendo sus ojos. Aguzando su oído, se puso de pie. Tañían lejanas las campanas del convento; tañían a vísperas. Ya rayaba el arrebol entre las hayas centelleantes. De prisa se encaminó al convento. La iglesia ya estaba alumbrada; a través de la puerta entreabierta miró a los hermanos en la sillería. Con sigilo se aprestó a tomar su lugar, pero descubrió con estupor a otro monje en su asiento. Aún más asombroso: era un extraño a quien nunca antes había visto. Ahora este monje levanta su cabeza del libro y mira enmudecido e interrogativamente al recién llegado. Lo oprime la angustia; percibe rostros extraños. Con el corazón palpitante aguarda el final del salmo. Ahora canto y oración han enmudecido; preguntas cuchicheadas corren de monje en monje. El abad, un anciano respetable, se aproxima. Sobre su cabeza descansa la nieve de casi ochenta años. "¿Cuál es tu nombre, hermano extranjero?", le pregunta en