LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 235
de este mismo jaez, meditaba el abad en lo íntimo de su alma
sobre cómo podría espantar por las buenas el sueño de sus
durmientes y se le ocurrió algo. Y lo que se le ocurrió debía -como
el famoso golpe del timbal en la undécima sinfonía de Haydn-
despertar a todos los que tan mansamente dormían. La feliz idea
del abad Gervard fue alzar su voz y exclamar: 'Aguzad los oídos,
hermanos míos, y escuchad una historia totalmente novedosa y
asombrosa: ¡érase una vez un rey que se llamaba Artús! En ese
instante todos se levantaron de un brinco, pero sólo para, por
obligación, escuchar a continuación un ejemplarizador sermón
represivo.
Un monje de Heisterbach logró ser más famoso que
Cesarius. Su nombre era Maurus y eclipsaba en sabiduría,
pese a su tierna juventud, a sus cofrades. Sin embargo, era un
ser fatal, pues el gusanillo venenoso de la duda le roía -según
informa nuestra fuente autorizada- su exuberante sabiduría. Y
esto es lo que aconteció con Maurus, el monje de Heisterbach:
con frecuencia sus ojos erraban sobre las hojas apergaminadas
de la Biblia. Un día -repito la narración de la saga de mi
modelo casi al pie de la letra- él había vuelto a estar en vela
toda la noche hasta la madrugada. Abrazando los altos arcos del
claustro, el sol del alba ya mostraba su delicado esplendor. Sus
rayos tentadores brincaban encima del rollo escrito en las manos
del monje, pero éste fijaba constantemente sus ojos en un pasaje
de la Biblia: "Ante el Señor, mil años son como un día".
Hacía meses que estas palabras atormentaban su cerebro.
Ahora danzaban otra vez frente a sus ojos. Los signos
enmarañados y negros crecían, se ensanchaban y se alargaban
hasta lo gigantesco, transformándose en irónicas figuras.
"Ante el Señor, mil años son como un día." Huyó de la estrecha
celda y salió a la solemne soledad del jardín conventual Clavó su
mirada en el suelo. Sin notarlo, había dejado atrás el jardín del