LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Página 166

profunda, quizá pura y simplemente el conocimiento sobre Alemania y el espíritu alemán. El otoño de Alemania hila el Domingo de Ramos en mi pequeña habitación de Ginebra. Los oscuros bosques lloran. Zumba el viento de noviembre en los alambres y postes que se alinean a lo largo de las carreteras que conducen a través del campo. Observo y oigo caer del árbol al linde de la calle una manzana tardía. Tal vez quiera gritar que un gusano la horada. No lo hace. Cae pacíficamente y con ello casi ha cumplido su destino: ahora sólo necesita pudrirse, para que, si su corazón es sano, renazca, o, si estuviese enfermo, viva con aquello que la tierra guarda y pueda germinar en sanos retoños. El pequeño reloj que he traído conmigo golpea en su campanilla dos veces. Ha llegado la verdadera hora de los espíritus; los espíritus hablan ahora con nuestros ancestros, y sólo cerca del mediodía se muestra Tiubel, el diablo, a los hombres; así se creía hasta el medievo tardío. El caballero Heinrich von Falkenstein lo vio una vez, alrededor del mediodía, porque un brujo le había aconsejado ese horario. Tiubel salió del bosque "mientras el viento aullaba y los árboles crujían", como relata el cronista Cesarius von Heisterbach. Tiubel es Lucifer, a quien no se hizo justicia. Encantamiento de mediodía... Lucifer, desde el bosque alemán, llegó a mi cuarto. No puedo ver- lo, pero siento su presencia. Solamente puede ser él quien alza el trozo de friso del templo de mi escritorio; bajo él crecen columnas y a éste con otros escombros lo hace unirse en friso y techo. La casa délfica de Apolo se levanta de repente frente a mí en esta casta belle- za. Desde la sagrada oscuridad de los olivos y laureles me contempla la frase: "Conócete a ti mismo". Sólo puede ser Lucifer el que ha interpretado la modesta piedra de las ruinas del castillo de Montségur haciéndola parte del respaldo del banco de piedra. Veo el banco con nitidez, sombrío bajo ramas de laurel. Un hombre está sentado allí, rubio y noble. Lleva vestimenta negra. Su cabeza está cubierta por una toca parecida a la mitra. El