LA CORTE DE LUCIFER - OTTO RAHN La Corte de Lucifer - Otto Rhan | Page 164

delicioso café y solícitamente habérmelo mantenido caliente. Por eso no me sorprendió tanto que trajera a mi habitación una palma bendecida por su sacerdote. Seguro que ésta, para el próximo año, me mantendrá alejado de toda desgracia y todo dolor. No seré capaz de rechazar este don. Ahora la rama encantada está sobre mi escritorio. Junto a dos pisapapeles: un cascote del friso del Templo de Delfos y una piedra del castillo de Montségur. Este fue condenado a muerte una noche de Domingo de Ramos. Por la mañana del Domingo de Ramos ascendían las "ramas sobre él, y comenzaron a quemarse sin llamas, lentamente, doscientos cinco cuerpos de herejes. En vez de las campanas se escuchó un coral cantado por verdugos en vestales de monje: "Venid, Espíritu Santo"... Falta poco para el mediodía. Bajo mi ventana pasean hombres de punta en blanco, ruedan elegantes coches, hay risas y se escuchan bromas. Una orquesta de café concierto toca Händel, "Hija de Sión, alégrate". En el lago zarpa un vapor enfilando hacia la costa saboyana, yates a vela se dejan llevar por el viento hacia el Grand Lac. También observo el Montblanc. Se estira orgulloso a las alturas como con conciencia de ser el techo de Europa. En el café concierto Jerusalem todavía se lanzan fuertes gritos de júbilo por la llegada de su rey. Cierro la ventana y pongo un disco que me gusta desde la primera vez que lo escuché. Creo que pocos conocen esta canción que no me canso de oír, porque es realmente hermosa: Terre oú je suis né, Terre pauvre et míe, Ton sol est pierreux Et tes champs ingrats.